Dentro del entramado del llamado acuerdo del Bicentenario, el Gobierno evalúa alternativas para alentar a los ahorristas que tienen fondos fuera del sistema financiero local a volcarlos a "inversiones productivas" en el país. Según una de las medidas bajo análisis, la idea es intentar "repatriar" los capitales que, ya sea por la incertidumbre, la desconfianza en la economía u otros motivos, abandonaron el país. Para algunos analistas, esto puede llegar a abrir, además, una oportunidad para volcar recursos de la economía informal o "en negro" a la formal, por lo cual hablan, en realidad, de un blanqueo de capitales.
El objetivo central de esta iniciativa es apuntalar la inversión, pero permitiría, a la vez, alcanzar otros fines, como elevar la recaudación impositiva. Los argentinos que tengan fondos en el exterior podrán repatriarlos, siempre y cuando los destinen a la compra de empresas o a inversiones específicas. "Se va a evitar que se traiga la plata para usarla en otra cosa, como consumo o inversiones financieras", indicó a LA NACION una fuente oficial.
La repatriación no será directa, según una de las opciones bajo análisis. El ahorrista recibirá, a cambio de sus fondos, una letra en pesos del Banco Central que no devengará intereses. El dinero se transferirá al Banco de Basilea, donde la entidad que preside Martín Redrado tiene depositadas parte de sus reservas. De esa forma, el Central no tendrá que emitir pesos para comprar los dólares que vendrían del exterior, para evitar el impacto sobre el precio del dólar.
Mesa chica
Estos lineamientos forman parte de un trabajo que elaboró un equipo técnico del Banco Central, que está en poder del secretario de Legal y Técnica, Carlos Zannini, uno de los integrantes de la llamada mesa chica del oficialismo, que completan el matrimonio presidencial y el jefe de Gabinete, Alberto Fernández.
En el armado del proyecto participan directivos de la Asociación de Bancos de la Argentina (Adeba), una de las entidades que participa del pulido del Acuerdo del Bicentenario junto con la Unión Industrial Argentina (UIA), la Cámara Argentina de Comercio y la Cámara Argentina de la Construcción. Claro que la gran apuesta de la Casa Rosada para relanzar la gestión de Cristina Fernández de Kirchner y retomar la iniciativa de la agenda política está virtualmente parada por el conflicto con el agro.
Un empresario que participa de las conversaciones afirmó: "Hay varios temas financieros incluidos. No es un blanqueo. La medida forma parte de otras iniciativas que buscan mejorar el mercado de capitales y la posibilidad concreta de invertir".
Impacto potencial
Si se concreta, el potencial impacto de esta acción sobre la economía no es menor. Los activos externos del sector privado no financiero alcanzaron los US$ 144.310 millones a fines del año anterior, el equivalente a la mitad del PBI argentino y un 2,7% por encima del monto de fines de 2006. Sólo el 16,4% de esos fondos, es decir, 23.604 millones de dólares, correspondían a inversiones directas de los argentinos en el exterior.
Como existe dinero "en negro", radicado fuera y dentro del país, que puede ser transferido al exterior para aprovechar la oportunidad, la medida, en rigor, puede derivar en un blanqueo de capitales. "Que se diga que esto es una repatriación para que los capitales vuelvan desde afuera es un eufemismo", sentenció, al respecto, un economista.
El hermetismo oficial deja espacio para algunas dudas. Una es cuál será el tratamiento impositivo para esos fondos. Una alternativa es que la regularización se lleve a cabo sin pagar impuestos, ni intereses ni multas, lo que implicaría un beneficio mayor.
"Se regulariza una cantidad de bienes que no estaban justificados. Esto implica un cumplimiento de un objetivo que no se está logrando, que es atraer inversiones. Y, en segundo lugar, representa una recaudación futura, porque genera ganancias, trabajo e impuestos en la Argentina", indicó el tributarista César Litvin.
Litvin agregó que medidas similares se aplicaron en Alemania, Italia y España, donde la elevada presión impositiva era, para algunos, un desaliento para invertir.
Existe un antecedente local. En abril de 1992, cuando la economía estaba bajo el mando de Domingo Cavallo, se modificó el impuesto a las ganancias para blanquear la tenencia en el exterior de moneda extranjera, títulos y bienes, así como depósitos en cuentas corrientes, cajas de ahorro y plazos fijos.
Otra duda tiene que ver con el nivel de adhesión. Ocurre que, en la visión de los analistas consultados, la confianza es una variable clave en el éxito de la iniciativa.
"¿Es éste el momento oportuno, en medio del conflicto con el campo? Porque se invierte cuando hay tranquilidad en el país. Se está intentando repatriar capitales argentinos, cuando ahora hay fondos que se están escapando del circuito financiero", apuntó Litvin.
Un economista planteó, justamente, que el blanqueo puede ser "un antídoto interesante" para neutralizar la fuga de capitales que sufrió el sistema a causa de la incertidumbre sobre el futuro de la economía. Como en casi todo, la última palabra la tendrá el Gobierno.
Por Rafael Mathus Ruiz
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