Por JULIÁN GUARINO - Como el buen vino, las intervenciones de Martín Redrado mejoran con el tiempo. Y aunque hay quienes gustan del neokeynesianismo bien entendido, lo concreto es que lo que en algún momento no fue más que un intento marginal del Central por apuntalar los precios de los bonos públicos, ahora parece haber generado una dependencia absoluta, por lo menos para que el signo negativo no haga su reaparición.
Las apuestas ya están sobre la mesa y la ficha más grande ha caído sobre la grilla que dice que Redrado no podrá separarse, por ahora, del mercado de la renta fija. En la city creen que, como decía Roberto Galán, se ha formado una pareja...
En auxilio de esta hipótesis hay quienes arriesgan un dato no menor: las tasas de interés que pagan algunos productos financieros hoy son mucho más tentadoras que los mismos títulos públicos (con ayudita del Central y todo). Las tasas de los plazos fijo hoy le dan al inversor una renta mayor al 16 % anual. A la vez, existen en el mercado fideicomisos financieros y algunos cheques de pago diferido que vendiendo riesgo privado (mejor calificación que el riesgo público) pagan más del 20 % por año. Incluso las mismas letras y notas del Banco Central son un rival considerable para los títulos, esos que paradójicamente intenta mantener la misma autoridad monetaria. Es que la incertidumbre, que en un buen porcentaje se derivó del conflicto entre el Gobierno y el campo, hizo que muchos inversores y ahorristas vendieran sus bonos y retiraran sus colocaciones en pesos en el sistema financiero. Para recuperarlos –en realidad para evitar que sigan haciendo las valijas–, los bancos no tuvieron más remedio que subir las tasas de interés.
Así el mapa inversor, existen en la plaza bursátil numerosos afiliados a la duda, esa práctica que Borges caracterizó como uno de los nombres de la inteligencia. Y esa duda está puesta hoy sobre la legitimidad de la demanda de títulos públicos que aparenta existir en el mercado de la renta fija. Ayer, un bono insignia como el Discount en pesos ganó 2,34% en el Mercado Abierto Electrónico (MAE) gracias a la billetera del Central. Para el Bogar 2018, también hubo suba de 0,7%. Se trata de dos títulos que compró el BCRA. Pero al revisar el resto de los bonos en pesos, todos tienen algo en común: el signo negativo.
Esta divisoria de aguas lanza algunos interrogantes. Uno de ellos es si, de ahora en más y tal como sucedió ayer, tanto las AFJP como el Banco Nación seguirán ayudando al Central en esta árida tarea a pesar del bajo sustento de mercado. Por otro, si al corregir la curva de rendimiento para estos títulos, el Central provocará el corrimiento del resto de los bonos o si se incorporará en el menú a la mayoría de la renta fija. Una más: si sólo cuando las tasas de interés bajen, el mercado volverá a retomar un interés sincero en los bonos argentinos.
Para Antonio Cejuela, director de Puente Hermanos, “los bonos hoy no son competitivos en términos de inversión respecto de otros productos que tienen tasas más elevadas”. Según el analista, si no fuera por los actores públicos que han estado demandando estos activos, las caídas seguirían dándose.
Osvaldo González, operador de Arpenta, señaló que la jornada de ayer “fue una de las más dinámicas que se tuvo gracias a las compras del Central” donde “fue manifiesto el impulso que se le ha dado a algunos títulos como el Discount”. |