Por JUAN CERRUTI - Curioso destino el que le deparó al matrimonio presidencial el conflicto con el campo. Aceleró un ajuste ortodoxo de la economía, que al menos públicamente tanto Néstor como Cristina Kirchner han denostado en más de oportunidad. Suba de tasas, apreciación del tipo de cambio, aumento de impuestos para cerrar la caja fiscal y enfriamiento del consumo vía un ajuste de precios integran el recetario habitual de los analistas enrolados en la corriente liberal del discurso económico.
Cumplidos los primeros 90 días de enfrentamiento entre el campo y el Gobierno la pregunta pasa por saber cómo ingresará la economía en la segunda mitad del año: ¿Se puede continuar creciendo sin el campo?
La desaceleración del nivel de actividad es cada vez más nítida y en algunas ciudades del interior el parate del consumo ya es evidente. Al efecto “disciplinador” que ejerce la suba de precios se le sumó la incertidumbre que genera el conflicto rural.
Este nuevo panorama plantea amenazas sobre los denominados “superávit gemelos”. El comercial es ‘sojadependiente’, mientras que la pelea con el campo le pone un límite a la estrategia fiscal del Gobierno para financiar su creciente gasto echando mano a incrementos sucesivos en las retenciones de algún sector.
En este contexto, algunas consultoras giraron informes a sus clientes advirtiendo de un “parate en el consumo” en los meses venideros. “El nivel de consumo va camino a un parate fuerte hacia el tercer trimestre del año”, advirtió la consultora de M&S. “La crisis del campo (de persistir) puede ser para el nivel de actividad de 2008 lo que el default de Rusia fue en 1998. En aquel momento, se paró de golpe el ingreso de capitales y el nivel de actividad se frenó bruscamente”, agregó. En tanto, la consultora Castiglioni, Tiscornia & Asociados estimó en uno de sus últimos informes que el “crecimiento del año próximo podría estar entre cero y 4%”, significativamente por debajo de los niveles actuales.
La situación y perspectivas de la economía tras el lock out rural puede resumirse así:
Crecimiento: La incógnita pasa por saber cuánto afecta la pelea con el campo al nivel de actividad. El producto directo del sector rural apenas representa 5% del PIB. Pero su efecto indirecto es significativamente mayor, dado que 64% de los producido por el campo es utilizado como insumos hacia otras industrias. Además, la incertidumbre que expande este enfrentamiento paraliza decisiones de consumo –variable que hoy explica dos tercios del PIB– y de inversión. Este enfriamiento es particularmente visible en el interior del país, donde se estima que las ventas cayeron 25% desde que arrancó el conflicto. Varias consultoras están revisando hacia abajo sus estimaciones de crecimiento para este año, y ya las ubican en torno al 5,5% o 6%.
Sector externo: En lo que va del año, según datos privados, se postergaron exportaciones de granos por u$s 1617 millones. Además, en los primeros cuatro meses de 2008 el superávit comercial bajó 43% no sólo por una desaceleración en el ritmo de crecimiento de las exportaciones sino también por una marcada aceleración en las importaciones.
Sector fiscal: Los primeros indicios de la estrategia fiscal del Gobierno no son alentadores. En mayo los ingresos por retenciones subieron 79,8%. Pero los analistas esperaban un incremento de al menos 110%. Sólo los precios de los principales cereales que exporta el país subieron 70% en los últimos doce meses, a lo que hay que agregarle otros 14 puntos porcentuales de incremento interanual en las alícuotas de las retenciones. El incremento de 79% en los ingresos por retenciones anticipa que las exportaciones sintieron en mayo el impacto del conflicto entre el campo y el Gobierno. Además, la recaudación subió el mes pasado 28,5% interanual, por lo que en términos reales (descontada la inflación verdadera) prácticamente no creció a lo largo de un año.
El dólar y la inflación: La menor liquidación de exportaciones restará presión bajista al dólar. Sin embargo, hasta ahora el BCRA se empeñó en mantener la divisa controlada en torno a $ 3,10. Algunos afirman que se trata de un “escarmiento” al campo. Lo que está claro es que el impacto del paro rural, de persistir, continuará fogoneando la inflación mediante el desabastecimiento de productos básicos. |