Por LEANDRO GABIN - Cuánto más pasa el tiempo, más empieza a mirarse (y a discutirse) la caída de reservas en las arcas del Banco Central. Después del récord de u$s 50.500 millones (en marzo), el viernes pasado el stock había llegado a u$s 47.837 millones. La significativa disminución tiene cierto sentido –dicen en Wall Street– para calmar las presiones que existen sobre el dólar, pero no para convalidar un “veranito” en algunos títulos públicos. Tal como informó este diario, Martín Redrado lleva “sacrificado” algo más de u$s 800 millones de las reservas exclusivamente a la compra de renta fija local. El costo, indicaron a El Cronista diversos bancos de inversión de Nueva York, es muy alto. Más aún, cuando es desconocida la estrategia que esconde el Central con la adquisición de títulos. ¿Los devolverá al mercado? ¿Se los pasará a algún organismo público? Son algunas preguntas que se hicieron los operadores consultados, que calificaron de “inútil” querer “apagar los ruidos políticos mediante una herramienta financiera como las reservas”.
“Creo que el Central no debería intervenir en los bonos. Debería limitarse al tipo de cambio. Finalmente, no logró impedir que las tasas se disparen y que el país tenga que financiarse a un costo elevado (en caso de querer hacerlo). No es su función, sí lo es la estabilidad de la moneda. Además, los bonos caen por la pérdida de confianza en la economía, es un desperdicio usar las reservas para eso. No es razonable y no servirá hasta que se arregle el conflicto con el campo y la inflación (sobre la cual el Central tiene responsabilidad)”, indicó Pablo Morra, economista para América latina de Goldman Sachs.
“Las razones de la compra de deuda no son obvias, ya que para inyectar dinero bastaría con recomprar sus propios papeles o –en todo caso– deuda soberana de corto plazo (no precisamente Discount). Si al principio la intervención en dólar y bonos fue esencial para anclar expectativas y evitar un pánico, a esta altura la operatoria parecería estar introduciendo su propia cuota de incertidumbre”, consideró un economista que se encarga de Latinoamérica desde Nueva York. El especialista explicó que financieramente, la recompra de bonos a estos precios “de remate” no reporta una pérdida financiera (“salvo que el Tesoro piense en no pagarlos”). “La recompra de deuda es una manera ‘fronteriza’ de financiarse con reservas sin violar de manera obvia la Carta Orgánica del BCRA: o sea, sostengo precios de bonos y permito al Tesoro emitir a menor costo”, razonaba.
Enrique Álvarez, director de mercados emergentes de IDEAglobal, es quizá uno de los más contemplativos con el accionar del Central. “Creo que el mercado no está preocupado por el nivel de reservas ya que el Central tiene un alto colchón. La intervención en bonos tiene poco efecto y no restablece la confianza. Pero necesita estar ahí para que no se encarezca el financiamiento del país, que no se produzca mucha salida de capitales, y que se exacerbe la demanda de dólares. Obviamente la prioridad es el tipo de cambio y, en segundo plano, la intervención en bonos”, resaltó.
Desde un conocido banco de inversión de Wall Street, el economista jefe para la región sostenía (manteniendo a rajatabla el off the record) que la política del Central no es sostenible, más aún cuando el arreglo de la crisis política parece lejano. “La adquisición de bonos no está en los objetivos del BCRA. Lo que quiere hacer el Gobierno es quitarle ruidos financieros a algo que es político. El dólar, por el contrario, tiene más que ver con la política del Central. El costo ya es suficientemente alto y no se pueden usar reservas para resolver cuestiones políticas. No se entiende la estrategia del BCRA con los bonos: después de todo, dilapidar reservas tiene un límite, sólo pone paños fríos, y es temporario”, se despachaba. |