Por SANTIAGO CHELALA - En la Argentina, el dólar siempre es noticia. Cuando sube un poco amenaza al sistema financiero con corridas de depósitos y fuga de capitales, mientras que cuando baja pone en jaque a la industria nacional y al crecimiento económico. Si a esto se suma que el tipo de cambio fijo dejó de ser una opción luego de la fatídica experiencia de los ‘90, el dilema no tiene solución, al menos aparente.
Por el momento, con el dólar planchado en torno a 3 pesos y los precios en alza, los exportadores deberán buscar fuentes alternativas para ganar competitividad.
Desde la crisis de 2001, la devaluación fue de 204% y la inflación oficial de 110%, que llegaría a 150% al tomar estimaciones privadas o de institutos estadísticos provinciales. Con la sensación de bolsillo de los consumidores, en lugar de las estimaciones del Indec, ambos porcentajes se acercarían hasta quedar muy próximos. El tipo de cambio nominal llegó a los valores que tenía hace dos años y medio, y si sólo se lo ajusta por los precios tendría un valor de $ 1,4, la paridad técnica con la que el entonces ministro de Economía, Jorge Remes Lenicov, decidió salir de la convertibilidad y pesificar.
Pero a esto se añaden dos contrapesos. En primer lugar, la evolución de los salarios aún no alcanzó el nivel de los precios. Por otro lado, el sistema de retenciones impactó en el tipo de cambio real efectivo que pagan los exportadores, a lo que se sumó la variación favorable para la exportación local que tuvieron el euro y el real brasileño.
Esto explica el boom de importaciones. Indumentaria, celulares, bienes de capital y de consumo durables invadieron el mercado interno incentivados por la apreciación de la moneda. Con ese argumento industriales y exportadores presionan por una devaluación, mientras que el Banco Central se defiende mostrando la evolución del tipo de cambio real multilateral (ver aparte).
Productores locales tienen varias vías para volverse más competitivos y ganar independencia de la política cambiaria oficial. Invertir en nuevas tecnologías y procesos de producción, diferenciación del producto en el mercado internacional y mayor capacitación de los recursos humanos son sólo algunas de las alternativas para avanzar hacia mayor competitividad. Ninguna brinda resultados inmediatos en materia de rentabilidad exportadora como la devaluación de la moneda.
En ese contexto, la autoridad monetaria tiene, y en el marco de la prioridad política que representa en la actualidad el conflicto agropecuario, una oportunidad única. Luego de casi dos años de dólar planchado en $ 3,15, podrá demostrar que las fluctuaciones cambiarias son posibles, y hasta necesarias, sin que ello se traduzca en nuevos augurios de crisis. |