Por GUILLERMO KOHAN - El mundo de la economía real está seriamente preocupado y bastante deprimido por las perspectivas para los próximos seis meses en la Argentina, más la incertidumbre que pueda sobrevenir en 2009 con la creciente carga de tensión electoral que todos ven venir. Se los observa con enorme pesimismo a los hombres de empresas, tanto en la Unión Industrial, en IDEA o en la poderosa Asociación Empresaria Argentina. La ecuación que se va generalizando en los principales directorios de la Argentina es que 2008 está perdido, que a lo sumo las ventas serán iguales que en 2007, con lo cual se barrieron las expectativas de crecimiento e inversión, que será difícil mantener el nivel de empleo en el futuro y que aumentará la conflictividad en las fábricas. Y, lo más grave, ya los CEOs de las principales compañías están requiriendo a sus gerentes escenarios de achicamiento en sus estructuras, ante el temor de que se agrave el parate económico que sobrevino con la crisis del campo, sin señales muy claras a la vista de cómo se irá normalizando semejante desmadre en el país.
Se percibe hoy entre los ejecutivos o accionistas de las principales empresas un desánimo y temor similar al que se observaba 60 ó 90 días atrás entre los hombres del mercado financiero, cuando bancos y grandes corporaciones no paraban de dolarizar sus cuentas, compraban divisas al precio que fuera porque se hablaba de dólar a $ 3,50 ó $ 4 con desdoblamiento cambiario, y se escuchaban argumentos como que en cualquier momento Néstor Kirchner ordenaba al Banco Central dejar de perder reservas y ceder a la presión cambiaria en el mercado. “Cualquier cosa puede pasar hoy en la Argentina”, decían en pánico en las mesas de dinero a principios de mayo, cuando los bancos perdían depósitos; y la incertidumbre política por la forma inexplicable y explosiva en que los Kirchner conducen los conflictos generaba, en medio del temblor, la sensación del fin del mundo.
Kirchner finalmente no se suicidó, ordenó al Banco Central sofocar la corrida, y hasta una parte de la biblioteca financiera respalda la política de la venganza contra los que compraron dólares, porque aseguran que no hay forma de parar una corrida que no sea haciéndole perder mucha plata a los que pulsean contra la autoridad monetaria. En la industria financiera, hoy al menos, reconocen que lo único salvable de la crisis de estos 107 días fue el manejo del Banco Central. Más allá de las observaciones menores sobre el jugueteo de Martín Redrado con el dólar y los bonos en estas últimas semanas, es obvio que hoy en el país, en medio de la crisis aún no resuelta con el campo y de la inflación amenazante, es mejor estar discutiendo si el dólar debe valer $ 3,05 ó $ 3,15, y no si se tiene que ir a $ 3,50 ó a $ 4,20.
La misma sensación de fin del mundo que se percibía en los mercados en abril y la primera quincena de mayo es la que hoy invade a la economía real. Y una vez más el temor tiene que ver con el ánimo y las reacciones de una sola persona. Hasta Miguel Bonasso se colocó del lado de lograr un acuerdo negociado con las retenciones que parta las diferencias entre el campo y el Gobierno, por no hablar de diputados oficialistas, radicales K, la opinión pública en forma mayoritaria y hasta la CGT. Sin embargo, los empresarios que presumen de estar bien informados en la Argentina todavía no saben qué hará Néstor Kirchner. Las señales son aterradoras. Se alienta desde Olivos la penosa kermés en la toldería de carpas frente al Congreso, práctica que ya comenzó a generar creciente violencia. Insiste el Presidente ante cualquiera que lo consulte que no se toca ni una coma del proyecto original. “Vamos por el kilómetro 38”, les dice el jefe patagónico a sus seguidores, confiando en que solo faltan 40 cuadras para completar el maratón.
Los datos de la economía real, aun los más recientes, muestran que la economía argentina, en condiciones políticas normales, se recupera en forma impresionante. Cargan en esta última semana unos 8000 camiones por día en los puertos, explotó la oferta de ganado en Liniers, las importaciones superan 5000 millones de dólares por mes e incluso así este año habrá 10.000 millones de superávit comercial, lo que garantiza estabilidad cambiaria. Si bien estas últimas semanas reapareció el pesimismo, en abril hubo 24% más de escrituras en Capital. Si se adelanta la doble vuelta salarial este año, y para entrar al Pacto Social se otorga un aumento general de salarios, lo lógico es que la economía vuelva a reaccionar hacia la primavera.
Naturalmente el problema es que no hay condiciones políticas normales. Aumentan los costos en las compañías, falta energía o se sabe que será más cara para producir, el Gobierno amenaza con aumentar los impuestos a las “rentas extraordinarias” y no toman en cuenta el capital hundido en las empresas a la hora de calcular esas rentas, todo un cóctel dramático en términos de rentabilidad. Se percibe, a la vez, que el Gobierno deberá seguir aumentando los impuestos para financiar el creciente gasto público, sobre todo de cara al año electoral, con lo cual hay desánimo y freno importante en todos los programas de inversión, que ya eran pocos este año.
Nadie garantiza un país normal en los próximos meses. Los responsables de manejar empresas calculan que por lo menos hasta agosto durará la definición en el Congreso por las retenciones, y todos temen la tormenta perfecta si finalmente los Kirchner ordenan votar a libro cerrado, o peor, si vetan cualquier cambio que intente el Congreso. Como antes en los mercados cuando se trazaban escenarios de devaluación, hoy en las firmas también se teme que la pareja presidencial se vaya a suicidar. La lección del dólar a $ 3 puede ayudar a adivinar la respuesta. |