Por IGNACIO OLIVERA DOLL - Todo indica que lo peor de la crisis para el sistema financiero aún no pasó. A la incertidumbre del ahorrista que le trajo los primeros días de nerviosismo, se le suma ahora el enfriamiento de la economía real, que ya empezó a sentir el país tras el mayor paro agropecuario de la historia. Por primera vez en tres años, se desmoronó en junio el stock de créditos al sector privado, afectado especialmente por las dificultades que atraviesan las empresas locales, y se reactivó la fuga de depósitos a mediano plazo (en la Argentina, el “largo plazo”). Una combinación “explosiva” para un sector que, hasta hace unos meses, estaba acostumbrado a hablar sólo de recuperación.
A tono con la desaceleración de la actividad que ya reconocen públicamente los empresarios, los préstamos al sector privado cayeron en $ 952 millones entre el 2 y el 20 de junio (un 0,08%). Lo grave: no hubo “desaceleración”, como ya habían pronosticaron varios banqueros semanas atrás, sino una caída que no registra precedentes desde enero de 2004. “Hoy no hay plata para las empresas argentinas. El Gobierno Nacional tiene necesidades de financiamiento manejables, pero a las empresas se les complica demasiado”, explicó el economista de Ecolatina, Rodrigo Álvarez.
De los últimos datos revelados por el Banco Central surge que las más afectadas son las pequeñas y medianas empresas, ante el alto costo que deben afrontar para el financiamiento de capital de trabajo, con tasas cercanas al 26%. En adelantos y documentos se fueron cerca de $ 1.000 millones en los primeros 20 días de junio. Y en cambio subieron los prendarios ($ 97 millones), los hipotecarios ($174 millones) y los personales ($ 373 millones), aunque a ritmo menor.
“Es raro que caiga el stock. Los créditos tendrían que subir a una tasa vegetativa, equivalente a la tasa de interés. Lo único que se mantuvo en valores fueron los créditos con garantía real, lo que indica que los bancos buscaron cubrirse más a la hora de prestar”, opinó el analista de Finsoport, Andrés Méndez.
Los números sugieren hoy que las dificultades en el fondeo de los bancos continuará, al menos, por unos meses más. En la última semana medida por el Central, los depósitos retomaron la caída que habían interrumpido durante la primera mitad de junio, al retroceder en $ 352 millones y acumular una caída de $ 1.340 millones desde el máximo del 18 de abril hasta hoy. Volvió el antojo de los ahorristas por cancelar las cuentas de plazos más largos: el 44% de la caída se dio en depósitos mayores a los 180 días de plazo.
Ayuda a la fuga en todo el sistema, además, la sensación actual de que el dólar se encuentra en niveles demasiado bajos como para no especular con una depreciación del peso. Se cree que el inversor que sacó los depósitos para dolarizarlos a $ 3,20 ó $ 3,22, optaría por quedarse con esos dólares por mucho tiempo. Es la psicología que, para Rodrigo Álvarez, hoy está detrás del comportamiento del inversor minorista: “El tema es que no los piensa devolver al sistema financiero; difícilmente esos depósitos vuelvan en el mediano plazo. Pueden venir otros, atraídos por una tasa de interés del 18%, que busquen especular con una rentabilidad elevada. Pero no serán los mismos ahorristas”, opinó.
Ese descalce entre pasivos y activos de los bancos es lo que preocupa a otro economista de una consultora local: “Es difícil mantener la consistencia para las entidades, con depósitos que crecen al 13 y 14% interanual, y créditos que venían a un ritmo del 40%, hasta el mes pasado”, se lamenta.
El gerente financiero de una empresa de primera línea reconoció a El Cronista que, en realidad, la incertidumbre no los afecta tanto como a las compañías medianas y pequeñas, porque en su caso las líneas de financiamiento, por ser de mayor plazo, no están tan atadas a la coyuntura. Tampoco los individuos sufren el mayor impacto: oficialmente, los préstamos personales se desaceleraron, pero no dejaron de crecer (1,46% en junio, frente a 2,56% de mayo pasado); y los hipotecarios mostraron una reactivación, con un crecimiento del 1,11% (similar al de principios de año), tras la ralentización que habían arrojado en mayo (con una suba de apenas 0,77%).
Las grandes perjudicadas fueron, al fin de cuentas, las firmas que toman a menor plazo, y a tasas cada vez más altas. “Las Pymes están pagando hoy una Badlar -la tasa de los depósitos superiores al millón de pesos- corregida hacia arriba, en función de lo que tiene que inmovilizar el banco, y un spread de entre 5 y 6 puntos. Eso da un costo cercano al 26%. Una muestran de que los bancos cortaron los víveres”, agregó el analista de Finsoport. |