Por LAURA GARCÍA - La gente de Morgan Stanley lo dice claramente: “Todos los ojos están puestos en la tensión entre el gobierno y los ruralistas. Pero incluso si la disputa con el campo se resuelve, tememos que éste no es el mayor desafío que hoy enfrenta la Argentina, sino la inflación”.
“La inflación alta deja al país en una situación particularmente vulnerable. Mientras que inicialmente el peso débil dio protección a muchas industrias locales, permitiendo la creación de puestos de trabajo y el crecimiento del salario real, sospechamos que esta política está cerca de su límite, en la medida en que la inflación en alza ha empujado al tipo de cambio real a apreciarse luego de cinco años de depreciación real. De hecho, en base a nuestras estimaciones de inflación, calculamos que en los primeros cinco meses del año, el tipo de cambio real efectivo se apreció 8%, en contraste con la depreciación real de 2% anual de los cinco años previos. Nos preocupa que el colchón que proveía el tipo de cambio real débil se está evaporando rápidamente”, explican.
“Este proceso, independientemente de la velocidad con la que se dé, tendrá tres implicancias macroeconómicas. En primer lugar, habrá un deterioro significativo en el incentivo para invertir. En segundo lugar, habrá un deterioro de la balanza comercial en la medida en que importación más baratas se vuelven más atractivas y substituyan a los bienes producidos localmente. Por último, habrá un importante freno en el consumo privado. Se recortarán empleos los sectores hasta entonces protegidos por el peso débil, que fueron responsables de aproximadamente la mitad de todos los nuevos empleos en la economía formal desde 2003 al 2007. Dada la limitación de crédito, sospechamos que el desempleo en alza puede generar una importante retracción en el consumo”, apuntan. |