Por JUAN CERRUTI - Mantener las cuentas en orden cuando el gasto público aumenta a un ritmo superior a 40% interanual desde hace más de un año y medio no es tarea sencilla. Y los Kirchner lo saben. La voracidad fiscal del Gobierno que saltó al estrellato con el aumento de las retenciones al agro tiene un costado que, aunque pasó un segundo plano, hasta ahora le dio mayores réditos: manipular la inflación.
Sólo en la primera mitad del año el dibujo que el Indec realiza de la inflaciòn le permitió a la administración kirchnerista ahorrarse $ 12.000 millones. La cifra es más del doble de los $ 5.000 millones adicionales por año que se pretenden obtener con el reciente incremento de las alícuotas a las retenciones al agro.
Como anticipó El Cronista, el dato de la inflación oficial de junio que se va dar a conocer la semana próxima rondará el 0,6%. De esta forma, los primeros seis meses del año terminarán con una suba de precios en torno al 4,6%. Sin embargo, las consultoras privadas creen que el número verdadero del primer semestre se ubica entre 11 y 13%. En ese rango están los cálculos de tres de los estudios más reconocidos del mercado: Ecolatina; Castiglioni, Tiscornia & Asociados; y Melconian & Santangelo (M&S).
De esta forma, la diferencia entre la inflación que estiman los privados y la oficial llegaría a casi 7 puntos porcentuales y medio, que representa el citado ahorro para el Gobierno de poco más de $ 12.000 millones.
Sucede que cerca de 41% de la deuda argentina alrededor de u$s 56.452 millones según las cifras divulgadas por la Secretaría de Finanzas del Ministerio de Economía hoy son bonos indexados por la inflación minorista. Ergo, un menor incremento de precios significa menores gastos. Por cada punto que aumenta la inflación oficial el país debe pagar u$s 550 millones adicionales de deuda.
En más de una oportunidad, tanto Néstor como Cristina Kirchner denunciaron que detrás de los incrementos de la inflación se esconden presiones de grandes grupos inversores con tenencias de bonos indexados. La tesis oficial es que existen fuertes intereses ocultos (tanto políticos como económicos) para alentar la inflación en la Argentina. Idea que no es compartida por los analistas privados, que desde hace meses advierten al Gobierno sobre el rebrote inflacionario producto de varias de sus políticas.
Por supuesto que el ahorro que logrará este año el Gobierno por manipular la inflación no se traduce a menores pagos en lo inmediato. Si no de un flujo de desembolsos a largo plazo que ahora crece a un ritmo inferior al previsto.
Lo paradójico es que fue el propio Néstor Kirchner quien impulsó de la pesificación e indexación de la deuda. Tras el canje de los títulos públicos en default, concretado en marzo de 2005, los bonos en pesos atados a la inflación pasaron de representar 3% de los pasivos del Estado a ser el 47%. A priori, la medida se tomó para evitar cometer los errores del pasado, cuando la dolarización de la deuda puso en jaque a las finanzas públicas vía el descalce cambiario.
A diferencia de lo que ocurrió en los ‘90, en la actualidad el Estado recauda en la misma moneda en que tiene nominados gran parte de sus pasivos. Lo curioso es que una medida sana desde el punto de vista macroeconómico, como fue la pesificación de la deuda, puede generar un dolor de cabeza en la medida que no se modere la inflación. |