Por JULIÁN GUARINO - Perversidad de la naturaleza, uno nunca puede saber de antemano en qué lado de la tostada hay que untar la manteca para que, cuando se caiga al piso por obra y gracia de la gravedad –y la influencia de la Ley de Murphy–, no quede pegada y sucia. Lo dicho: perversidad y gravedad.
Algo parecido es lo que le sucede al Banco Central (BCRA) con las tasas de interés. Dispuesto a combatir la inflación, la gente de la entidad rectora se ha esmerado en recortar sensiblemente los factores que en el pasado podían ser considerados “culpables” de impulsar el alza en los precios: uno de ellos, las tasas de interés negativas. Pero claro: ellos no podían saber que el 2008 no iba a ser el año ideal.
Es que hoy el pronóstico no es alentador. Cuando la tensión política disminuya finalmente, el costo del dinero que hoy, para las empresas, ronda el 25% anual, quedará por debajo de este número pero sensiblemente por encima del 13% que supo registrar en promedio en los primeros 3 meses del año. En rigor, para los analistas consultados, se descuenta que de no tener el campo-gate, hoy se tendrían tasas en pesos entre 3 y 5 puntos porcentuales por debajo de las actuales. De todas formas señalan que la decisión del BCRA de reducir la cantidad de pesos ambulatorios ya hacía prever a comienzos de año que las tasas se iban para arriba.
Porque para el BCRA, las cosas nunca resultaron como habían sido planificadas. Por un lado, habían proyectado para este año un incremento de la base monetaria del 18%. Esto implicaba una suba sensiblemente menor a la inflación esperada, lo que en síntesis debía reducir la liquidez existente y, por lo tanto, acotar la suba de precios.
“Como se cayó la demanda de pesos, el ritmo de expansión fue de 16%, pero el Gobierno al generar incertidumbre les jugó en contra al BCRA”, dijo el economista Aldo Abram, titular de la consultora Exante.
El lado amable de esta medida era que, con menos pesos dando vuelta, se iban a tener tasas de interés más altas y por lo tanto, menores razones monetarias para una suba de precios.
A la hora de hacer la suma, hay otros “ítems” que también aportan al número final. Para los economistas, existe algo llamado “estacionalidad” que en criollo quiere decir que usted y yo, cuando llega mitad de año, nos quedamos con más pesos en el bolsillo y por lo tanto demandamos más billetes.
Esto, por lo que sea: vacaciones en la montaña, curso de nepalés elemental, wait and see para ver cómo se rompe el glaciar Perito Moreno... Son 2 o 3 puntos porcentuales que ahora suben pero que, el mes próximo deberían bajar y que nada tienen que ver con De Ángeli & Co. En el saldo, el “mundo perfecto” que había diseñado Martín Redrado en enero, terminaba dibujando una tasa de interés a empresas de primera línea, que rondaba para esta fecha un 17%. Para los empresarios Pyme, la cosa podía rondar en un 23%.
De ilusionistas
Pero –Tusam dixit– puede fallar. Las cosas se pusieron difíciles cuando, ante la incertidumbre ocasionada por la forma en la que el Gobierno decidió tratar el conflicto con el campo, la gente dejó de demandar pesos. A esto se sumó la mayor percepción de riesgo local y la mayor aversión de los bancos que ante el riesgo decidieron restringir su cartera de créditos a las empresas, la percepción de riesgo devaluatorio, etc.
“Todo eso llevó a un aumento de las tasas de interés por encima de los niveles que se esperaban”, resume Abram.
Sin embargo con la incertidumbre y la caída de los depósitos, los bancos debieron subir las tasas de los plazos fijo para frenar tanto movimiento. Esto hizo que el BCRA comenzara a vender dólares en lugar de comprarlos. Esto último era algo que venía haciendo para asegurar un tipo de cambio “alto y competitivo”.
“Todo el problema del campo trajo un aumento de la incertidumbre. La gente demandó dólares. No quiso pesos. Se desaceleró el ritmo de crecimiento de la demanda de pesos, a tal punto la base monetaria crece seis puntos menos que la inflación cuando antes iba por arriba”, señalan desde la mesa de dinero de un banco. Las tasas se fueron a las nubes y allí están. Desde el empresariado, los reclamos se hacen sentir. Lo mismo desde la Unión Industrial, que la última semana le dijo a este diario que “el dólar a $3 es coyuntural”‘.
Hoy, la apuesta principal es a que baje la incertidumbre. Después, dicen, vendrá la caída en las tasas y los exportadores, además de liquidar sus tenencias, dejarán de convertir esos pesos en dólares.
Desde una mesa de dinero de un banco señalaron que ya hay algunos elementos a tener en cuenta: ya entran los fondos de las AFJP en Brasil, suben los plazos fijo, no hay demanda de crédito (y poca oferta) y hasta el costo por el dinero que se prestan los bancos permanece en el 9%. Así, ha pesar de la “mala fortuna” del Central y de los esfuerzos por controlar la inflación, las tasas bajarían pero no tanto y bajar la incertidumbre será, siempre, un tema de Gobierno. Para el final, lo más importante: la inflación. ¿Bajará? Quien dice, paradoja de Murphy incluida, siempre resulta más fácil hacerlo de la forma más difícil. ¿Será ésta? |