Si se considera el dinero como un combustible clave para el crecimiento, habrá que convenir que los datos que dejó el segundo trimestre del año son preocupantes de cara al futuro del nivel de actividad, aunque pueden aportar algún rédito para moderar la inercia inflacionaria con que se venía moviendo la economía. Ocurre que la expansión de los recursos monetarios entre abril y junio fue la menor desde los tiempos de la crisis, lo que, teniendo en cuenta que en ese lapso la economía se mantuvo en crecimiento (aunque, en algunos sectores, sólo vegetativo), se corrobora que la dolarización de carteras y la renacida tendencia a la salida de capitales restaron recursos a la economía local en un momento decisivo. La situación fue reconocida ayer por el Banco Central (BCRA), que, frente a la evidencia, calificó el trimestre como "atípico" en materia monetaria. De esta manera, reconoció que la expansión en apenas $ 6285 millones en el saldo promedio de los medios de pago totales (un indicador que en la jerga se identifica como M2) y de apenas $ 3000 millones en el M3 (el agregado en pesos más amplio, que incluye el circulante en poder del público y el total de depósitos en pesos) no estaba en sus planes, aunque lo ayudó a cumplir con holgura la pauta monetaria proyectada para esta época del año. El promedio de los medios de pago (circulante más depósitos a la vista) "se ubicó cerca del límite inferior de la banda establecida para el mes", admitió al BCRA ayer al realizar el balance del trimestre. En este período, en particular durante mayo, "se observó un aumento de la demanda de divisas", que, según la interpretación oficial, "no estuvo relacionado con las condiciones del sistema financiero ni con los fundamentos de la economía". La autoridad monetaria consideró, empero, que, a partir de junio, "las condiciones monetarias se fueron normalizando paulatinamente", un resultado que adjudicó "a los diferentes mecanismos de provisión de liquidez, tanto en pesos como en moneda extranjera, que proveyó el BCRA de manera de retornar al escenario base". Con esta afirmación, la entidad que conduce Martín Redrado parece querer desmentir a quienes creen que aprovechó la crisis para modificar su política, que hasta aquí se había caracterizado por ser procíclica y expansiva. "En principio, el BCRA ha modificado su política monetaria. La nueva sería una combinación de un dólar levemente apreciado, una menor expansión de pesos para sostenerlo y tasas de interés más altas. Todo ello deviene en una política más combativa de la inflación, pero menos favorable para la expansión productiva, con lo que se vislumbraría alguna intención de desacelerar la economía", interpretó recientemente en un informe el Departamento de Economía de la Universidad Católica Argentina (UCA). El director de Deloitte, Miguel Arrigoni, es mucho más cauto al respecto. No cree que el alza en el costo del dinero (que duplicó el nivel de las tasas activas en pocas semanas) frene la renacida tendencia a la dolarización de la economía ni solucione sus presiones inflacionarias en este contexto de incertidumbre. "Al revés, con más tasa habrá menos inversión, menos capital de trabajo y, por ende, menos oferta", advirtió en un reciente trabajo. Lo concreto fue que el ritmo de expansión monetaria, medido por cualquiera de sus indicadores, fue entre abril y junio el menor desde el final de la crisis generada por el colapso de la convertibilidad. Crecía a tasas de entre 4 y 6% desde 2003 hasta comienzos de 2008, pero aumentó sólo 1,2% en los últimos tres meses. Por Javier Blanco De la Redacción de LA NACION |