Por Martín Kanenguiser - De menor a mayor, apremiado por los problemas para financiarse, el Gobierno parece despertar de su largo letargo: pasado mañana hará la primera licitación pública de recompra de deuda, mientras intenta brindarle señales al Club de París para ver si, en algún momento, puede tejer un acuerdo que lo habilite a obtener créditos para infraestructura. Fuentes que participan del tejido del programa financiero indicaron a LA NACION que existe vocación para reiniciar las conversaciones con el Club de París para pagar una deuda cercana a los US$ 6500 millones, tras el parate provocado por la crisis con el campo y la sucesión de cambios en el Ministerio de Economía. Meses atrás, la Secretaría de Finanzas elaboró algunos análisis para la discusión respecto del Club de París, que ahora fueron retomados por el nuevo jefe de Gabinete, Sergio Massa. La alternativa de mínima es presentar un plan de refinanciación más larga que los seis años acordados con España; la de máxima, utilizar una parte de las reservas del Banco Central para pagar los atrasos (cerca de US$ 4500 millones) y refinanciar los otros US$ 2000 millones. El Banco Central busca minimizar el potencial uso de reservas y afirma que el Tesoro tiene suficientes recursos en dólares por la vía del superávit comercial. Hay dos obstáculos importantes para que este planteo avance:
Además, en el contexto del artículo IV, se le debería poner fecha a la revisión de la economía argentina que hacen todos los socios del FMI, demorada desde 2006, lo que implica mejorar antes la medición de la inflación minorista para que resulte más creíble. Una misión más difícil, pero mencionada por algunos funcionarios, es presentar una oferta para los bonistas minoristas europeos que no aceptaron el canje de la deuda de 2005. Hasta ahora, hablar sobre este tema había sido vedado por Néstor Kirchner, pero comenzó a trascender, en parte, para levantar el precio de los bonos. Como poner en práctica estas condiciones resulta muy complejo, por ahora, la mesa que integran el ministro de Economía, Carlos Fernández; el secretario de Finanzas, Hernán Lorenzino, y el presidente del Banco Central, Martín Redrado, avanza con la recompra de deuda para bajar el altísimo riesgo país. Tras las recompras hechas en el mercado secundario por US$ 370 millones en las últimas dos semanas, Economía le puso un freno ayer a esa operatoria para focalizarse en la primera licitación pública, que se anunciará hoy y se concretará pasado mañana. El objetivo oficial es que el jueves no haya demasiados oferentes (eso significaría que muchos inversores quieren seguir vendiendo sus bonos), pero, al mismo tiempo, subir el precio de los títulos que vencen este año y el próximo. Al respecto, el economista Miguel Bein apostó a que recomprarán Pre8, Pre9 y, sobre todo, Boden 2012, aunque deberían extenderse también al Bonar 2017 y a los cupones en pesos ligados al PBI. "Si lo organizan bien, tendrán éxito sin la participación de las AFJP ni de los bancos y podrán bajar fuertemente el certificado de cobertura contra el default [CDS] de la Argentina, que ahora es el más alto entre los países que pagan su deuda", opinó. Recursos a mano En esa sintonía, el banco Morgan Stanley difundió ayer un informe que asegura que la Argentina "debería poder pagar su deuda en los próximos 12 a 18 meses", a diferencia de los apocalípticos informes que surgían desde Wall Street hasta la semana pasada. Según el analista Daniel Volberg, de Morgan Stanley, el Gobierno tiene una serie de herramientas para eludir un default:
- Un superávit primario del 3,4% este año y del 2,1% en 2009 (más otro "favor" del gobierno venezolano) aportarían el resto para eludir el default.
- Una suba en las tarifas residenciales de la luz y el gas del 30% hasta fin de 2009 permitiría reducir en US$ 2900 millones los subsidios estatales, que se usarían para pagar deuda.
- Las AFJP aportarían entre 1800 millones y 3000 millones de dólares.
- Existen US$ 10.000 millones de depósitos públicos en el sistema financiero y US$ 47.000 millones en reservas del Central. De esa suma se podrían utilizar US$ 4000 millones sobre los 12.000 millones que se necesitan.
- Revertir el malhumor externo que existe sobre esta negociación, sobre todo después de que la Argentina votó en el Fondo Monetario Internacional (FMI) en contra de una reforma impulsada por el director gerente, Dominique Strauss-Kahn, quien había expresado su disposición para actuar como "facilitador" de un acuerdo.
- Convencer a los Kirchner de que un acuerdo con el Club de París permitirá reducir el costo del financiamiento (sobre todo en el sensible sector de la infraestructura, que ahora quedó sujeto a la necesidad de podar el aumento del gasto público para mostrar un superávit fiscal del 3,5% este año).
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