Con las mismas caras que en ediciones anteriores y una mayor dosis de incertidumbre, la reunión del Council of the Americas se propuso tranquilizar al ambiente de negocios. Los empresarios, sin embargo, se mostraron distantes y ávidos de señales que indiquen hacia dónde va la política económica.
Susan Segal, que impulsa estos encuentros con el objetivo de buscar oportunidades de inversión, estaba ayer más nerviosa que de costumbre en su traje estilo Chanel. Pero Tom Shannon, el hombre de Bush para la región, se mostró ajeno a las tensiones. Así se lo vio en el salón VIP del Hotel Alvear al estrechar la mano de los que se esmeraban por saludarlo como Eduardo Amadeo, Jorge Pereyra de Olazábal y el embajador Luis Kreckler. Shannon, considerado un bicho raro en el Departamento de Estado y de su ala más dialoguista, envió un mensaje al auditorio: aconsejó paciencia estratégica, tema sobre el que volvió más tarde en un almuerzo para pocos.
Para Sergio Massa fue su debut ante el establishment. Y en lo que pareció un estilo con la carga simbólica del que ya adoptó Cristina Kirchner, prescindió del papel y utilizó un modo enfático para aclarar que el país está lejos de un default. Y sugirió, como ejercicio, tapar los nombres de los países de la región y mirar sus números. "La Argentina figuraría entre los primeros como destino de inversión", señaló en lo que fue una manera de admitir la mala fama.
Lo más llamativo fue un Martín Redrado quien, sin disimulo, se presentó como el que salvó la economía. Contó que cuando estudiaba en EE.UU. leyó un libro sobre el poder de los presidentes, en el que se relataba que Harry Truman tenía en el salón oval un cartel con la leyenda: "Acá termina todo". Por si alguno no había entendido, machacó: "El Banco Central paró la pelota". Y describió una estrategia para estabilizar la economía. "Lo que no mata, fortalece", insinuó al detallar que la relación entre deuda y PBI, que era 6,26 en 2001 y es 2,28 en 2008; o que hay $ 60.000 millones en depósitos del sector público o que se pasó de compromisos que en el 2001 estaban 92% nominados en moneda extranjera al 50% de la actualidad.
Entre los empresarios había distintos estados de ánimo. "Nadie mencionó el INDEC ni cómo se va a contener el alza de precios", deslizaron. Otros marcaron que las acciones de las empresas argentinas están muy baratas y que hay inversores tomando posiciones. Algunos se sorprendieron del salto que pegó Eduardo Elsztain al Uruguay donde compró un predio de más de 17 hectáreas a cinco minutos de Carrasco para un barrio privado con centro comercial. Eduardo Eurnekian bajó decibeles a las críticas internacionales y Juan Carlos López Mena, de Buquebus, explicaba que Marsans jamás le dejó ver los números de Aerolíneas. Osvaldo Librizzi, del Sheraton Latin America, estuvo entre los optimistas gracias al boom del turismo. Hubo pocos políticos, salvo el radical Marcelo Stubrin.
John Welch ex Bearn Stearns, la firma de EE.UU. que cayó con la crisis de las hipotecas, advirtió que la crisis golpeará a los países emergentes en el precio de las materia primas y ubicó a la Argentina, Venezuela y Ecuador como los más vulnerables.
Industriales, como Ignacio de Mendiguren y Beatriz Nofal, de la secretaría de inversiones, prestaron atención a la que resultó la exposición más aplaudida. Armando Mariante, del brasileño BNDES, se explayó sobre la política crediticia de Lula. Si la banca privada presta en promedio a 7 meses de plazo, ellos lo hacen a 7 años. Cuando desplegó el abanico de líneas de hasta 15 años para financiar compra de las maquinarias, alguien señaló: "Este es el milagro brasileño".