Sin embargo, más allá del alivio inmediato por esta medida anunciada el domingo, las divisas de América Latina continuarían su tendencia de pérdidas graduales y constantes, quizá con alguna pausa como resultado del intenso ajuste de los bancos centrales de la región.
El domingo, el Gobierno de Estados Unidos anunció que tomó el control de Fannie y Freddie, lanzando un rescate que sería el mayor en la historia del país, para evitar una nueva ola de turbulencias en los mercados financieros globales.
En la primera reacción, el índice FTSEurofirst de las bolsas europeas subía el lunes. En Asia, el índice Nikkei de Japón cerró con un fuerte avance. Pero nada de esto cambia sustancialmente el tema de fondo para las monedas latinoamericanas.
Durante unos meses, desde agosto del 2007, cuando empezó la crisis del crédito en los países desarrollados, hasta junio de este año, las monedas y todos los otros activos de América Latina habían vivido una etapa de ebullición, principalmente por dos motivos.
Primero, estos mercados ya venían en ascenso desde el 2003 cuando comenzó a disiparse el último período de temores globales, mejoró el panorama de las economías latinoamericanas tras las crisis de la década de 1990 y la liquidez empezó a fluir de la mano de un alivio extremo en Estados Unidos.
Luego, cuando estalló el "efecto subprime", la subida regional se acentuó por la ilusión de un "desacoplamiento" de los problemas en las economía más avanzadas. Una enorme suma de fondos empezó a dirigirse a ciegas a todos los activos emergentes, creando una aceleración burbujeante de sus alzas.
Pero cuando en julio y agosto se confirmó la propagación de los problemas de Estados Unidos a Europa y Japón, el dólar empezó a avanzar y los precios de las materias primas cayeron. Esto produjo un gran revés en los mercados latinoamericanos, empañando más un panorama ya complicado por la inflación.
Esta perspectiva fue apuntalada por la gran destrucción de valor en los mercados de América Latina al inicio de septiembre, que llevó a que, salvo alguna excepción, los analistas financieros que siguen la región plantearan en general un panorama de nuevas caídas para esta semana.
"En los mercados cambiarios y crediticios (latinoamericanos) el enfoque continúa alejándose desde la inflación hacia el efecto del rebote del dólar y el desplome de los precios de las materias primas", dijo el viernes un informe semanal de mercados emergentes de Barclays Capital.
"(...) prevemos que el peso chileno exhiba más resistencia a la fortaleza del dólar, apoyado por un 'carry' cada vez más atractivo y datos decentes de la actividad, mientras que el resto de las monedas latinoamericanas flotantes continúen sufriendo", agregó el informe.
BANCOS CENTRALES CONTRA DOLAR
El "carry" o "carry trade" es una forma de llamar a las operaciones de arbitraje de tasas de interés, en las que los inversores se endeudan en monedas de costo bajo como el yen japonés para invertir en papeles y divisas de mayores tasas, como los de América Latina, sacando una ganancia financiera.
Los bancos centrales de la región han subido sus tasas de interés este año para tratar de contrarrestar las alzas de los precios locales, en una batalla cuyo resultado no está claro. Las subidas de tasas también deberían fortalecer a las monedas, pero el dólar y las materias primas son rivales difíciles.
Justamente Chile fue el último en aumentar su tasa, el jueves pasado, por cuarta vez consecutiva, al 8,25 por ciento. Y aún así, el peso <CLP=> fue vapuleado el día siguiente, cuando cerró con un desplome de 1,43 por ciento a 524,0/524,5, ante el aumento del dólar y la baja del precio del cobre.
La moneda estadounidense se ha apreciado abruptamente un 12 por ciento contra el euro <EUR=> en menos de dos meses, a la vez que el petróleo, referencial de todas las materias primas, se hundió un 28 por ciento en el mismo período, arrastrando al resto de los productos de exportación de la región.
El real brasileño BRBY y el peso mexicano MEX01, las dos monedas principales de Latinoamérica, que se habían apreciado a sus máximos en varios años hasta julio, empezaron a bajar constantemente en agosto contra el dólar. Ahora acumulan considerables caídas desde entonces.
"Los movimientos (de las monedas latinoamericanas) en las últimas semanas podrían ser vistos no como una anomalía, sino como el inicio de una nueva tendencia", dijo el viernes el informe "Emerging Market Compass" de la firma Lehman Brothers, que abogó por una "postura defensiva" en estas divisas.
Aún así, la actividad de las economías regionales sigue relativamente firme, sus saldos en cuenta corriente no se han deteriorado demasiado todavía y los precios de las materias primas continúan altos, al igual que las tasas de interés locales. Todo esto debería impedir depreciaciones exageradas.
En materia de pronósticos de las divisas, Barclays dijo que ante el nuevo panorama de dólar en alza y materias primas en baja, modificó sus proyecciones. La firma ve al real a 1,74 en un mes y al peso mexicano en 10,55. El viernes el real cerró a 1,716 y el peso a 10,4780/10,4800, según datos de Reuters.
Con respecto a los datos de Estados Unidos, que mueven al dólar y a los precios de las exportaciones latinoamericanas, esta semana es relativamente ligera en indicadores, salvo el viernes que habrá números de ventas minoristas, precios al productor y confianza del consumidor.
En el frente de los discursos de las autoridades de la Reserva Federal y el panorama de sus tasas, el martes está invitado el presidente de la Fed Ben Bernanke a un encuentro empresarial. El jueves el vicepresidente del banco central Donald Kohn participaría en un panel sobre la economía.
Acerca del rumbo del ajuste monetario en América Latina, el martes saldrá el informe de la inflación mexicana en agosto, el miércoles se prevé la evolución de los precios de Argentina y el anuncio del banco central de Brasil sobre sus tasas de interés, y el jueves el del organismo monetario peruano.