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Sebastián Campanario - Con el armado en las empresas de los presupuestos y planes de negocios para el año que viene, arrancó la temporada alta de pronósticos 2009. Y la presa más buscada por estos días por la gerencias de planeamiento no es ni la inflación ni el crecimiento de la actividad en el año entrante -allí las proyecciones de los economistas vienen convergiendo-, sino el tipo de cambio, que está resultando mucho más difícil de predecir, por la gran cantidad de variables que lo influyen y porque depende, en buena medida, de una decisión política.
"Las opiniones más extremas en materia de suba del PBI e inflación para 2009 fueron decantando, y hoy las proyecciones se mueven en un entorno del 4%-5,5% y 23%-26%, respectivamente", cuenta el economista jefe de una empresa de servicios, "en cambio, hay una gran incógnita y pronósticos mucho más abiertos con relación al tipo de cambio". La fuente continúa: "Los movimientos del Banco Central en este sentido siguen siendo desconcertantes; por ejemplo, el martes, tras el pago al Club de París, ante la mayor demanda de dólares, el BCRA en vez de permitir una suba del tipo de cambio funcional al modelo, optó por convalidar el nivel actual".
Según fuentes del Gobierno, el valor del dólar que se fijaría en el Presupuesto 2009 no sería $ 3,35, como circuló la semana pasada, sino una cifra más cercana a los 3,20 pesos por dólar.
Coincide con el piso de los pronósticos de valor del dólar para el final de 2009 de los privados: es el que sostienen en Econométrica, la consultora de Mario Brodersohn. En el otro extremo aparece Miguel Broda, que defiende un 3,72 para el final del 2009. Le siguen Daniel Artana, de FIEL (3,59); Miguel Bein y el JP Morgan (3,50), Carlos Melconián (3,40), Ernesto Gaba, de BBVA (3,36), Goldman Sachs (3,25) y HSBC (3,24).
Entre quienes defienden la hipótesis de una "devaluación controlada" en 2009 (Artana, Broda y Javier Kulesz, de UBS, entre otros) hay consenso de que para cerrar las necesidades de financiamiento del año que viene, que serán el doble que en este ejercicio, habrá que hacer un mayor esfuerzo fiscal. En ese contexto, una devaluación serviría para engrosar los ingresos por retenciones, en tiempos de caída del precio internacional de las materias primas.
La otra especulación que circula entre los que ven un tipo de cambio más alto es que una eventual devaluación no sería gradual ("el mercado te lleva puesto", se argumenta), sino de un saque. Y aquí, si hay que hacer apuestas, de habla de una movida "overnight" tras las elecciones legislativas. Lo mismo que algunos anticipaban que pasaría cuando ganó Cristina, y finalmente no sucedió.