Por JUAN CERRUTI - Más allá de las declaraciones formales que realizó la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, en el ala económica del Gobierno son mucho más moderados a la hora de formular diagnósticos sobre el nuevo escenario mundial. Admiten que si bien ayer las bolsas tuvieron un día más benévolo que el lunes, se perfiló un coctail peligroso para el país: fuerte caída en la soja y el petróleo al mismo tiempo.
Semejante derrumbe, si se prolonga en el tiempo, podría generar un sombrío escenario económico. En el mercado dan por descontado que el país perdió al prestamista de última instancia. El petróleo ayer cerró a u$s 91 y sufrió una baja del 37% en sólo 60 días. Así es casi imposible que el tesoro venezolano (que recoge 80% de sus ingresos del denominado “oro negro”) pueda seguir financiando a los Kirchner al ritmo que lo hizo hasta ahora. Venezuela también tiene los mercados cerrados. Tendría que pagar más del 13% para obtener dinero fresco si quiere colocar deuda.
En paralelo, la caída en los commodities agropecuarios –principalmente en la soja– le pone un interrogante al crecimiento de la recaudación de los próximos meses. En lo que va del año, los ingresos por retenciones representan 85% del superávit fiscal. Parte de estos fondos se obtuvieron con una soja arriba de u$s 600 la tonelada. Ahora está a punto de perforar los u$s 400 millones.
En este nuevo contexto de menores ingresos y casi sin posibilidades de obtener financiamiento en el exterior, habrá que ver cómo el Gobierno hace frente a los u$s 12.000 millones que la Argentina deberá refinanciar en 2009, el doble que este año.
Más allá del superávit comercial récord de agosto (producto de liquidaciones demoradas por el conflicto con el campo), inquieta el frente externo de la economía argentina. Los precios de los commodities ya están en baja, pero la situación podría ser peor si la crisis económica mundial –con epicentro en los EE.UU.– se profundiza y se transforma en enfriamiento global, incluida una menor demanda de China e India.
Con todo, la Argentina tiene una a su favor: exporta alimentos a Asia, lo que implica que enfrenta una demanda relativamente inelástica ante variaciones en el ingreso de los compradores. Es decir, si la economía China se desacelera y sus consumidores deberán elegir qué gastos recortar, seguramente empezarán por el celular que importan de Japón. No por los alimentos básicos.
Más allá de la caída en los commodities agropecuarios y el petróleo, el tercer punto que monitorean de cerca el Ministerio de Economía y el Banco Central es la salud de la economía brasileña, cuyos mercados no la pasaron bien los últimos días. Si finalmente se enfría Brasil habrá dos efectos nocivos para la industrial local: menores exportaciones y mayores importaciones provenientes de las empresas brasileñas que no pueden colocar toda su producción en el mercado interno.
Brasil está lejos de caer en recesión, pero sí podría ralentizarse su crecimiento. Al gigantesco déficit de la cuenta corriente se le podría sumar ahora un rojo en la cuenta capital (por salida de fondos del país), lo que obligará al gobierno de Lula da Silva a optar por depreciar el real o sacrificar reservas. |