Por FLORENCIA DONOVAN - Hay un antes y un después de la caída de Lehman Brothers. En Wall Street, y en particular en el negocio de banca privada, los paradigmas hasta ahora vigentes están en pleno proceso de transformación. La manifestación más clara de ello es la tendencia de los individuos a no confiar todos sus ahorros en una única entidad financiera, ni si quiera en dos. Como nunca antes, la estrategia pasa por la diversificación. Porque nadie sabe quién puede ser la próxima víctima de la coyuntura financiera.
“Hay una tendencia de los inversores, que se está potenciando ampliamente en esta crisis financiera, de diversificar los fondos no sólo en distintos bancos, sino también en diferentes plazas financieras: Zurich, Ginebra, Hamburgo, Austria, EE.UU.... nadie quiere tener todos sus ahorros en un único lugar”, confió un operador de una entidad internacional, que pidió no ser nombrado. Las fidelidades a una u otra marca (incluso las más grandes) estarían así prontas a desaparecer. Tras la venta de Merrill Lynch, la caída de Lehman Brothers y el temblor de AIG, la aseguradora más grande del mundo, las grandes marcas ya no son garantía de seguridad.
Pero la diversificación no es la única máxima a la hora de invertir. Los responsables de banca privada les están recomendando a sus clientes tácticas adicionales para intentar reducir dentro de lo posible los riesgos de mercado y los propios de cada banco.
Para acotar el riesgo bancario, por caso, más de allá de las garantías que ofrece cada sistema financiero (en EE.UU., existe una cobertura de depósitos de hasta u$s 100.000 por cuenta), los operadores aconsejan buscar productos alternativos a los plazos fijos tradicionales, como fondos de money market que tengan el dinero atomizado en varias entidades financieras. “El producto que más estamos vendiendo en este momento es un fondo que tiene plazos fijos en 100 bancos distintos”, confió un operador de un banco suizo. “De esta manera, si alguno de los 100 bancos tiene problemas, el cliente sólo sacrifica una porción muy pequeña de sus ahorros, dijo. Un fondo de este tipo en dólares está rindiendo hoy cerca de 2,6% anual, mientras que uno equivalente denominado en euros está pagando 4,4%.
Para no tener que estar tan pendiente de la última noticia bancaria y evitarse sustos, algunos consultores financieros de banca privada directamente también están aconsejando pasarse de plazos fijos a Bonos del Tesoro de Estados Unidos o a títulos de soberanos “AAA”, la máxima calificación crediticia a la que puede aspirar un emisor de deuda, como podría ser Canadá. Este tipo de bonos suelen ser extremadamente líquidos, por lo que un inversor tiene la posibilidad de entrar o salir de sus posición sin demasiados inconvenientes. Los T-Bonds a 10 años de plazo, los de referencia del mercado, rendían ayer 3,44%, una de sus tasas más bajas en décadas.
Vade retro...
Por otro lado, para minimizar el riesgo de mercado, hoy los administradores de carteras le están aconsejando a sus clientes de alto patrimonio alejarse de la acciones, y de productos más complejos, como algunos hedge funds de países emergentes. “Antes que acciones, es mejor tener un mix de Bonos del Tesoro y money market. Tener una porción líquida le va a permitir a los clientes moverse rápido y colocarse en alguna inversión puntual a medida que los mercados empiecen a darse vuelta”, explicó uno de los operadores consultados.
Lo que está claro, según las palabras de un operador de una banca privada internacional, es que éste “no es momento para pensar en hacer plata. Hay que aspirar simplemente a conservar el capital. Dadas las circunstancias, ya de por sí eso es mucho. |