Por DOLORES AYERRA - Sin tregua. A esta altura nadie que tenga cualquier activo financiero en cualquier mercado del mundo puede esbozar una sonrisa. La sensación es más bien de zozobra, desesperación e incluso, de histeria. Es que no sólo todos los instrumentos –léase acciones, títulos de deuda, granos, commodities, inmuebles, metales– se han desvalorizado sino que se especula con que aún no han encontrado su piso. El escenario es caótico y por demás complejo. Los inversores internacionales no paran de deshacer sus posiciones pero el interrogante es dónde reinvertirán el dinero, ya que el que continúe posicionado en estos activos debe ser consciente de que estará dispuesto a perder entre un 25% y 40% más, dependiendo de la inversión de que se trate. Por otra parte, es creciente la desconfianza de los ahorristas en depositar su dinero en las entidades financieras. Los bancos, sobre todo los norteamericanos, han mostrado cuantiosas pérdidas desde que desató la crisis subprime en los EE.UU. y hasta por estas horas se vieron quiebras de aquellas entidades históricas e intocables. ¿Quién garantiza que no se esté frente a un juego de dominó en donde otras piezas puedan comenzar también a caer?
Sin embargo, entre las tinieblas reaparece un rayo de esperanza. Aunque de significativa volatilidad, el oro siempre resurge como “el” activo para refugiarse. En rigor, fue lo que ocurrió ayer cuando en sólo una rueda el metal precioso tuvo su mayor apreciación desde septiembre de 1982 –puntualmente un 10,79% dejando valuada a la onza en u$s 863,85–. Los analistas no descartan que el oro quiebre el récord tocado en marzo de este año, cuando su cotización llegó a sobrepasar los u$s 1000. En este sentido, Arturo Piano, presidente de la institución financiera que lleva su nombre y una de las pocas junto con el Banco Ciudad y el Supervielle que comercializa este producto en la Argentina, remarcó que “lo que ocurrió hoy –por ayer– no sólo se debe a un contexto turbulento en el que la gente busca seguridad sino a una baja en todos los activos y una situación delicada en la economía de Europa, por ejemplo, donde el desempleo es creciente y se encuentra en las fronteras de una recesión”. A esto se suma una frustración para la perspectiva de una fortaleza del dólar; condición que reaviva el atractivo de este mercado, que alcanza desde inversores sofisticados hasta el pequeño ahorrista. Incluso se estima que algunos bancos centrales del mundo comiencen a acrecentar su porcentaje de oro en sus reservas, aún cuando éste es muy marginal .
De todas formas, Piano resaltó que la demanda en el mercado local casi ni se movió aunque aclaró que “es un mercado más chico que el del resto del mundo, pero que pprobablementeen los próximos días se eleve entre un 10% y 15% la solicitud entre los argentinos, porque la gente se entera de la noticia de la suba un día más tarde y luego espera para tomar sus decisiones”. A su vez, agregó que “otros mercados como el de obras de arte, joyería o relojes, también suelen apreciarse bajo estas circunstancias”. En esta línea, Christian Cavanagh, CEO de RJ Delta Fund destacó que “en estos momentos es recomendable diversificar los portfolios y que un porcentaje de oro es conveniente”. “Si la situación se profundiza –continuó– es probable que en el lapso de seis meses el metal vuelva a llegar a sus máximos”, aunque advierte que “el oro tiene una volatilidad aproximada del 25%”.
En Argentina el mercado de oro es muy reducido: siempre de forma personal, se puede comprar oro físico monedas o lingotes o “virtual” índices o certificados a futuro. Dentro de las monedas más populares se destacan la mexicana de oro, la krugerrand de sudáfrica, la libra Elizabeth, y el argentino de oro. Las barras, en tanto, van desde 1 gramo hasta 1 kg. Eso sí, hay que tener por lo menos unos u$s 300 para invertir. Sin embargo, es casi nula la existencia de instrumentos financieros que lo tengan como subyacente. Para eso habrá que invertir en mercados externos. Hoy en día el instrumento más conocido es el ETF GLD que sigue la evolución del precio de la onza. |