Por FLORENCIA DONOVAN - Tomó por sorpresa a la mayoría del mercado. La costumbre del Gobierno de postergar cualquier plan que pase por los medios antes que por el atril oficial hizo que muchos no creyeran en las versiones que habían trascendido en los últimos días y que hablaban de un canje para los bonistas que quedaron fuera de la reestructuración de deuda del 2005. Por lo que, fue sólo después del anuncio de la presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, en el Consejo de Relaciones Exteriores en Nueva York los inversores se pusieron a hacer números. ¿El resultado? Hay quienes aseguran que participar del canje sería una buena decisión.
Ayer, los títulos en default de la Argentina se negociaban en el mercado secundario a una paridad de entre 25% y 27%, aunque poco después de anunciada la propuesta para los holdouts treparon hasta 30%. Según la oferta del Gobierno, los bonistas deberán entregar los títulos y además suscribir en efectivo un nuevo bono. A cambio de los papeles en default recibirán bonos Descuento, tanto en pesos como en dólares, y se les reconocerán los intereses devengados desde el default del 2001 hasta la fecha. Así, por ejemplo, por cada u$s 1.000 en default, los bonistas recibirán un Descuento por u$s 350 y luego deberán suscribir por u$s 250 un nuevo papel. Según cálculos oficiales, todo el paquete terminaría traduciéndose en una ventaja a favor de quienes hoy tienen papeles en default, más el upside (o margen de suba) que tendrían los bonos en el mercado secundario, suponiendo que el Gobierno continúe haciendo los deberes que le venían exigiendo los inversores (la reformulación del Indec queda a la cabeza de los pendientes).
“Definitivamente es una buena sorpresa. La Argentina tiene capacidad de sorprenderlo a uno todo el tiempo”, señaló Alberto Bernal-León, jefe de Estrategia Macroeconómica para Mercados Emergentes de Bulltick Capital Markets, una entidad financiera con sede en Miami. “Sólo el hecho de que se haya realizada una oferta es muy positivo, porque denota un cambio de actitud radical hacia el mercado”, dijo.
Los economistas consultados coinciden en que, más allá de los números (pocos en el sector privado se animaron a dar abiertamente sus valuaciones de la propuesta, no habiendo el Gobierno detallado públicamente las condiciones del canje), esta es una buena oportunidad para los bonistas para canjear un papel que está en cesación de pagos, por uno nuevo que paga cupón. En un contexto internacional extremadamente complicado y de escasez de financiamiento para el todo el mundo, significa hacerse de un vehículo que puede ser transformado en efectivo de manera mucho más fácil.
“No es que con el canje los bonistas tienen una gran ganancia de capital. Pero van a recibir bonos que no están en default y los intereses devengados algo ayudan. Para quien compró los bonos en el 2001, claro está, la oferta es más bien moderada. Las cuentas de si el canje conviene o no son distintas para cada inversor, según el momento en el que adquirieron sus títulos. Pero también hay que ver qué perspectivas tiene el Gobierno de acá para adelante”, advirtió el economista jefe de un banco extranjero, que pidió no ser nombrado. “Ni este deal (acuerdo) ni cualquiera que le puedan ofrecer en el futuro va a ser demasiado rentable para los holdouts, en la medida de lo que tuvieron que esperar 7 años para obtener una solución. Creo, definitivamente, que les conviene entrar, porque por otro lado si los mercados siguen así complicados, más adelante tampoco la capacidad de pago de la Argentina será mayor que la de ahora”, agregó el experto.
En el mercado, se descontaba que el canje tendría una adhesión importante. Al menos un 40% de los bonistas habría estado detrás de la gestación de la oferta, con lo cual por lo menos el Gobierno tendría garantizado el ingreso de unos u$s 10.000 millones de los más de u$s 20.000 millones que todavía quedan en default. |