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Gustavo Bazzan - La reapertura del canje podría arrojar un resultado que se resumiría así: la quita la sufrirán los pequeños bonistas y la ganancia quedará para los grandes inversores.
La tajante diferencia se explica a partir de que entre los financistas que siguen de cerca esta operación y dentro incluso del propio gobierno asumen que el grueso del denominado "pequeño inversor" alemán o italiano que compró bonos argentinos en la década del 90 y que no entró al canje de 2005, ya se habría desprendido de sus papeles.
¿Cómo lo hizo?. Los mismos bancos que se los ofrecieron en su momento se los recompraron a precio de mercado o tal vez algunos dólares por arriba en estos dos últimos años, para evitar o cerrar los litigios que encararon los bonistas.
Los fondos especializados en deuda en default tampoco compraron cuando los papeles cotizaban a precios "normales". Entraron en esta inversión en la época en que estos papeles estaban a punto de caer en default (fines de 2001) o luego de que la Argentina anunciara la cesación de pagos.
Lo concreto es que los bonos en default que no entraron al canje siguieron negociándose esporádicamente y con muy poca liquidez a precios que nunca superaron los 30 dólares por cada lámina de 100 dólares.
Lo que viene ahora es que quienes tienen esos papeles en su poder entregarán al Gobierno bonos que compraron a no más de 30 dólares y se llevarán otro papel que cotiza a 31 dólares más el llamado cupón PBI que hoy cotiza en torno a los 9 dólares cada uno (más 3 dólares por los intereses acumulados). Es decir que el "hold bout" se llevaría papeles que hoy se pueden vender en el mercado a 43 dólares. Esto, claro, siempre que la operación de canje se realice según la propuesta que presentaron los Bancos, y que el Gobierno está estudiando. Los funcionarios hablaron con tanto entusiasmo de la propuesta que es muy probable su aceptación.
Es decir que quienes entren hoy al canje podrían hacerse una diferencia entre el valor de compra y el de venta que podría arrojar una ganancia cercana al 100%.
El Cupón atado al crecimiento fue el incentivo que Roberto Lavagna ideó para mejorar la oferta y tentar a los bonistas.
En su momento pocos le asignaban valor, pero el explosivo crecimiento económico que mostró la Argentina terminó convirtiendo a esos papeles en un negocio monumental. Arrancaron cotizando a 1 dólar y llegaron a cotizar a 15 dólares a mediados de 2007.
El Tesoro ya hizo dos pagos por esos cupones dos pagos por estos cupones (US$ 390 millones de dólares a fines de 2006 y US$ 810 millones en diciembre último, y se espera que este año pague cerca de 1.500 millones de dólares. El prospecto dice que cada año que la economía crece por arriba del 3%, se paga.
Esos números hablan de la importancia que adquirieron estos cupones. El riesgo para los que obtengan ahora esos papeles es que el PBI ya no crecerá como en el lustro anterior. Pero así y todo se estima que en cuatro años se recupera la inversión, y los pagos subsiguientes, hasta 2034, son pura ganancia.