Por Javier Blanco (LA NACION) Quien apostó al dólar en septiembre ganó, como hacía rato no podía hacerlo. Un ahorrista o inversor minorista pudo comprarlo a $ 3,04 en los últimos días de agosto y ayer, de haber querido (no parece ser el caso por estos días), bien hubiera podido venderlo a $ 3,12 en cualquier banco o casa de cambios. Hasta se lo hubieran pagado a $ 3,14 en alguna "cueva" o financiera que funcione fuera del alcance del Banco Central (BCRA) y, últimamente, necesitan hacerse de dólares para atender la mayor demanda esquivando controles. Así, aun contado el "peaje" que paga por el cambio de monedas, habría ganado de ocho a diez centavos de peso por la intermediación en el mes o, lo que es lo mismo, entre un 2,6 y un 3,25%. Un rendimiento que no le entregó ninguna de las otras opciones más populares de inversión y lo hubiera mantenido a buen resguardo de la inflación local, ahora que se morigeró un poco por un brusco ajuste en el nivel de actividad. La lectura que dejó el balance inversor de septiembre debe incomodar a las autoridades del BCRA, que, desde que el mercado mostró una renacida tendencia por la dolarización de ahorros e inversiones, en ocasión de la crisis entre el Gobierno y el campo, buscó afanosamente desalentarla haciendo ingentes esfuerzos por mantener a esa divisa bajo control, para no terminar tentando aún más a los ahorristas. Sin embargo, ahora la tarea se le complicó. La fuerte tendencia a la devaluación que mostraron el resto de las monedas de la región respecto del dólar (perdió 16% el real brasileño, moneda del principal socio comercial argentino y 6,8% la moneda chilena) amenaza la competitividad real del peso en momentos en que los recursos del fisco también amenazan desinflarse por la fuerte baja que registran los precios internacionales de los granos. La industria y el yuyito Frente a este cambio en el escenario económico mundial, al Banco Central no le quedó más que avalar un progresivo deslizamiento al alza nominal del dólar, pese a que la propia presidenta, Cristina Kirchner, había defendido frente a la comunidad empresaria local la utilización del tipo de cambio como ancla antiinflacionaria en ocasión del festejo del Día de la Industria. El positivo rendimiento que entregó el dólar contrastó con el fuerte retroceso que registraron en septiembre las acciones y los bonos de la deuda. Vale recordar, por caso, que, si bien moviéndose en línea con el resto de los mercados, la Bolsa resignó un 10,07% de valor en el mes; la tasa de riesgo país aumentó cerca del 40% y el costo de un seguro contra un posible nuevo default argentino (CDS, por credit default swaps ) saltó a 1040 puntos, con lo que acumuló un alza de 31,6% en igual período. Lo paradójico fue que el derrumbe se produjo en un mes signado por el giro "pro mercado" que dio el Gobierno al anunciar la próxima regularización de la deuda vencida que la Argentina mantiene con el denominado Club de París y avalar una reapertura del canje de la deuda impulsado por un grupo de bancos internacionales. Pero el dato más preocupante del mes fue la baja del 13,85% que registró en los mercados internacionales la soja, el "yuyito" que explicó buena parte del boom económico argentino en los últimos años. |