Por SANTIAGO CHELALA y FERNANDO ALONSO - Como las primeras fichas de un dominó que comenzaron a caer en hilera una tras otra, el derrumbe del precio del petróleo y de la soja obligó a replantear la estrategia económica hasta fin de año y puso en duda el cumplimiento de las metas presupuestarias para 2009. Casi en su totalidad, el superávit primario depende de retenciones a las exportaciones que serán cada vez más difíciles de cobrar en un mercado global cada vez más cerrado y proteccionista, como es usual en épocas de crisis.
Si el precio de los principales commodities se reduce 40% el próximo ejercicio en relación a 2008, la recaudación de retenciones bajará de 42.000 millones de pesos a $ 30.000 millones, muy lejos de los $ 50.000 millones presupuestados por el Gobierno. Se pasaría así de un superávit primario de 3,8% del PIB a un superávit de 1,6% del PIB. Pero al considerar el pago de la deuda pública, el resultado financiero sería deficitario en 0,3% del PIB.
Los derechos de exportación representarán el 15% del total de los ingresos estatales, un porcentaje que sube hasta el 23% de tener en cuenta exclusivamente los recursos de la Administración Nacional (sin provincias). La continuidad del superávit fiscal, la capacidad del repago de la deuda pública y la inversión en obra pública dependen en gran medida del viento de cola externo, del flujo de comercio internacional y de precios favorables.
Con la crisis y el desplome de los precios, la alícuota fija de las retenciones a la exportación amenazó la rentabilidad de un sector jaqueado por las sequías y que después de un conflicto social inédito estaría en una posición más desahogada de haber acordado un esquema móvil que tenga en cuenta el escenario actual de precios bajos.
Los salvatajes a bancos estadounidenses y europeos tendrán su correlato en los índices inflacionarios, que dejaron de ser la máxima prioridad de los bancos centrales para pasar a ocuparse de la estabilidad del sistema y de la confianza de los ahorristas. A la inflación reprimida, se sumará en 2009 inflación importada, que llegará por la vía de los bienes de consumo, de capital y de los insumos que se compran en el extranjero.
No obstante, si la inflación real del año próximo es menor a la de este año, el Fisco obtendrá menos por el impuesto inflacionario, es decir por lo que recauda por la mera suba de precios en impuesto al IVA, Ganancias, impuesto al cheque y el resto de los tributos ligados a precios y salarios. Lo mismo ocurrirá como consecuencia de la desaceleración en la actividad económica, que se sentirá en los ingresos. La meta de 4% del crecimiento para 2009 que fijó el Presupuesto, lejos de ser conservadora, se presenta como difícil de alcanzar.
En un año electoral, será difícil que el ajuste se haga por el lado del gasto y más probable que, luego del canje de deuda y del pago al Club de París, el Gobierno obtenga ayuda financiera de organismos multilaterales (BID y Banco Mundial) o vía Venezuela. Sin embargo, un barril de petróleo por debajo de los 95 dólares puso límites a la capacidad del presidente Hugo Chávez para financiar a sus aliados.
La escalada del riesgo país y la baja en el precio de los bonos reflejó la incertidumbre sobre las fuentes de financiamiento para 2009. La escasez de crédito y la absorción por parte del Tesoro de la liquidez disponible impactará sobre el sector privado que ya comenzó a suspender planes de inversión. |