Por HORACIO RIGGI - Cuando durante la semana el presidente del Banco Central, Martín Redrado, descartó que se vaya a acompañar la depreciación de las monedas de Brasil y Chile frente al dólar, los empresarios argentinos tuvieron una sensación extraña. Muchos sintieron que el Gobierno no está realmente convencido cuando critica los males ocasionados por la convertibilidad durante los ‘90.
En off the record, tanto en la Unión Industrial Argentina (UIA), como en la también influyente Asociación Empresaria Argentina (AEA), el discurso es similar. “Si Brasil devalúa y la Argentina no hace nada, las consecuencias de tener un tipo de cambio retrasado son siempre las mismas”, se asegura.
Para los industriales el escenario de mantenerse contra la corriente tiene un circuito inhabitable: lo primero que sucede es la sustitución de la producción local por bienes importados ya que un dólar bajo le genera menor competitividad a las compañías que fabrican en el país. Luego, como las empresas ganan menos o pierden debido a la menor producción despiden personal. Con menos argentinos trabajando, menos consumo. Cuando esto sucede se pasa del crecimiento de la economía a la recesión. El epílogo es conocido por todos, devaluación, para volver a ganar competitividad.
“Lo bueno es acompañar con medidas lo que sucede con el principal socio comercial”, dijo a El Cronista uno de los vicepresidentes de la UIA. “Si se ignora lo que hace Brasil la Argentina va a tener serios problemas”, afirmó.
Según el industrial, si se mantiene un tipo de cambio competitivo la Argentina soportará un menor impacto de la actual crisis financiera que estalló en los Estados Unidos, pero que tendrá repercusiones negativas en todo el mundo. De todos modos, otro vicepresidente de la UIA advirtió que si como única medida se toma acompañar la devaluación de la moneda brasileña, también puede haber problemas con la economía argentina. “El riesgo de una devaluación, aunque sea controlada, es que se genere mayor inflación”, aseguró.
En la AEA, la opinión de los empresarios es más dividida. Siempre en off the record, la mayoría de los consultados marca la preocupación por las palabras del titular del Banco Central. Otros, en cambio, creen que la opinión de Redrado no es compartida por todo el Gobierno, y menos por la presidenta, Cristina Kirchner.
“Desde Duhalde para acá el mensaje de la Casa Rosada es proindustrialista. La Economía creció como en ninguna otra época, y nos guste o no, no nos parece que figure en el ánimo del Gobierno cambiar el rumbo, aunque si pueden estar evaluando tener un dólar para el consumo y otro para el comercio”. |