Por IGNACIO OLIVERA DOLL (El Cronista) - Descartar inversiones que no supongan el uso de recursos propios; evitar el endeudamiento; administrar lo mejor posible la liquidez en el día a día; y evitar el descalce entre plazos de clientes y proveedores. Son sólo algunas de las máximas que empezó a escribir la crisis financiera de los últimos meses para las empresas de todo el planeta. Y en una Argentina que ya se siente más pobre, las compañías toman nota: a ellas parece haberles llegado la hora de “raspar el hueso”, al menos durante todo el año próximo, y de adaptarse a las incomodidades de una economía de crédito prácticamente inexistente.
El menor financiamiento, dicen los analistas, pegará a las empresas por ambos lados: por “oferta”, porque verán acotadas sus posibilidades de inversión y crecimiento; pero sobre todo por “demanda”, porque sentirán el freno del consumo que provocará la escasez crediticia. Por eso, y a pesar de que la Argentina tiene un apalancamiento de apenas el 10% de lo que produce, el perjuicio recaerá sobre todos los segmentos: grandes, medianas y pequeñas.
Los analistas advierten que, ante este nuevo escenario, las grandes marcas argentinas quedarán atadas durante todo 2009 al “autofinanciamiento” o, en el mejor de los casos, a herramientas financieras que hoy son consideradas menos convencionales para hacerse de liquidez. “Deberán acudir a fuentes alternativas no bancarias, ya sea préstamos entre privados o en el mercado de capitales, como el descuento de cheques de pago diferido o los fideicomisos”, explicó la economista Carolina Farré, de IeralPyme. “Otra posibilidad -dice- es asociarse a una Sociedad de Garantía Recíproca (SGR), que facilite el acceso al crédito con el aval del flujo de fondos o el potencial del crecimiento poyectado que tiene la empresa”.
La desaceleración del financiamiento corporativo ya se hizo evidente en los últimos meses, y se percibe tanto en el sistema bancario como en el mercado de capitales. Los créditos comerciales aumentaron este año apenas un 22%, frente a un crecimiento del Producto Bruto Interno nominal que fue del 30% (lo que implica una pérdida de su participación en toda la actividad económica); la emisión de obligaciones negociables en lo que va del año se redujo a apenas un 16% de la registrada en igual período de 2007; y el financiamiento genuino a través del mercado de capitales cayó al menos un 40% en los primeros nueve meses.
No fue sólo por la crisis que hoy pesa sobre Bush, sino también por la convulsión política que castigó al país desde mayo pasado hasta hoy, y que dejó las tasas para las empresas de primera línea en un piso de 12%.
Hacia adelante, el camino promete ser cada vez más áspero. “Salir afuera les va a ser imposible en la primera parte de 2009. Y hasta que no se visualice una normalización en el sistema financiero internacional, la verdad es que el crédito bancario también va a estar cerrado”, explicó el economista de Abeceb, Mariano Lamothe.
Ayer, justamente, el director de la Fundación Observatorio Pyme, Vicente Donatto, presentó públicamente un informe en el que advertía que “el principal canal de transmisión de la crisis financiera internacional sobre el segmento pyme industrial” iba a estar dado, más que por el fin del crédito, “por la caída en el nivel de actividad general”. Consideró a la economía argentina como un “capitalismo sin crédito”, en el que las empresas “necesitan tener altas rentabilidades para poder invertir”, y frente a eso reclamó una urgente devaluación para lograr mayor competitividad. |