Si bien los Gobiernos de todo el mundo han empezado a volcar fondos en los bancos en problemas, ayudando a reducir el costo del financiamiento interbancario, los inversores siguen preocupados sobre el alto costo para la economía derivado de una crisis del crédito que ya lleva más de un año.
Y ante las señales de problemas que están apareciendo en las economías de Europa del Este y Asia, los inversores han revertido las transacciones del "carry trade" financiadas con yenes de bajo rendimiento, lo que elevó la moneda japonesa a expensas de sus rivales de mayor rentabilidad.
El dólar, que se beneficia de la aversión al riesgo porque los inversores basados en esa divisa repatrian fondos, subía contra el euro.
"La atención está pasando de la crisis del crédito a una recesión global inminente", dijo Omer Esiner, analista cambiario de Ruesch International en Washington.
"Yo caracterizaría los recientes datos de Estados Unidos como pobres (...) el cuadro global luce igual de malo", agregó.
En los primeros negocios de Nueva York, el dólar caía 0,6 por ciento a 100,95 yenes <JPY=>, mientras que el euro descendía 0,9 por ciento a 135,69 unidades de Japón <EURJPY=>, aproximándose al mínimo en tres años alrededor de 132.
Las acciones europeas reducían las ganancias iniciales del día, a la vez que la Bolsa de Nueva York abrió en baja.
El euro perdía el 0,4 por ciento a 1,3435 dólares <EUR=>.
"Todavía estamos en un mercado increíblemente inestable, lo cual persistirá por mucho tiempo. Aunque tuvimos todas estas iniciativas de política, no necesariamente impedirán los movimientos extremos que hemos estado viendo en los mercados", dijo Bilal Hafeez, de Deutsche Bank en Londres.
"Dado ese contexto, preveo que el yen se fortalezca en forma generalizada", añadió.
Los datos económicos de Estados Unidos han desalentado a los operadores esta semana, con fuertes declives en los informes de ventas minoristas y producción industrial.
El viernes, un informe del Departamento de Comercio reflejó que los inicios de construcciones de casas de Estados Unidos siguieron bajando en septiembre. Luego, los mercados esperaban nuevos datos de la confianza del consumidor.