Por JUAN CERRUTI - Mientras se generaliza el rechazo político y de la opinión pública a la estatización compulsiva de las jubilaciones, los mercados financieros de la Argentina volvieron a desplomarse ayer. Los inversores se mueven entre el desconcierto y el pánico, lo que ya genera parálisis en la economía real. Nadie presta un peso y menos se invierte.
El Gobierno, sin medir las consecuencias, parece haber redondeado la tormenta perfecta: crisis internacional, derrumbe de la soja, desaceleración interna, y ahora un malhumor financiero local sin precedentes desde la hecatombe de 2001 (ver pág. 4). Los mercados ya operan a precios que descuentan un default. La Bolsa, los bonos y el riesgo país están a los niveles de noviembre de 2001, días antes del “corralito”.
El Gobierno ayer intentó, sin éxito, torcer el rumbo del mercado y salió a recomprar algunas acciones de empresas “amigas” sobre el epílogo de la rueda. Más allá que el temor de los mercados pueda ser exagerado, el riesgo latente es caer en una trampa de “profecía autocumplida”. Si todos actúan como si se fuera a producir un default, este se podría precipitar aun si las condiciones objetivas no lo ameritan.
Hoy no hay mercado de capitales en la Argentina. El sistema financiero está congelado y las cadenas de pagos también. Ayer todo cayó. No sólo por cuestiones domésticas, también por las turbulencias internacionales. Pero lo que más preocupa es que esta baja se dio casi sin operaciones. “En un mercado cuando se pone en vísperas de un default desaparecen los precios”, recordó un banquero.
Hasta ahora se observa una corrida cambiaria (aunque el Banco Central afirma haber vendido ayer sólo u$s 100 millones). El temor es que mute en una corrida bancaria. Para la primera hay herramientas de política económica en manos del BCRA. Para la segunda no. Todo se trata de expectativas, hoy más devaluadas que la Bolsa porteña.
Se profundiza la fuga de capitales del país y el retiro de fondos de los bancos. El panorama que pintan los analistas no es alentador: ayer la soja cayó más de 5% mientras el nivel de actividad se enfría un ritmo impensado unos meses atrás. La consultora FIEL advirtió que la industria pagó un frenazo en septiembre, y eso que todavía no contempla el “efecto AFJP”.
Sin embargo, el ministro de Economía, Carlos Fernández, buscó ayer llevar tranquilidad. “La economía real está bien”, aseguró al dar conocer los resultados del superávit fiscal de septiembre. De todas formas, el anuncio arrojó otra señal negativa: el mes pasado los gastos volvieron a subir más que los ingresos (ver aparte). En paralelo, el ministro Julio de Vido se reunió de urgencia con directivos de YPF y Telefónica para confirmarles el apego del Gobierno a la “seguridad jurídica”.
Pero mientras tanto varias empresas abrieron planes de retiro voluntario y la población comenzó a restringir su consumo, atemorizada por la estatización compulsiva de las AFJP. Esto pone un signo de interrogación sobre los ingresos fiscales a futuro. Para tapar el bache financiero los Kirchner ya no podrán recurrir por largo rato al mercado doméstico o al internacional. Ni hablar del canje.
En este contexto, la única opción es apelar a los fondos que preste el ahora todopoderoso ANSeS. Lo hayan buscado o no, los Kirchner terminarán manoteando la caja de los jubilados. Sencillamente porque cerraron las otras puertas. Pero los $ 13.000 millones que obtiene las AFJP por año de los aportes de sus afiliados ingresarán paulatinamente al sistema estatal ¿En interín que hará el Gobierno? Rematar los bonos y acciones que expropió de las AFJP no parece una opción factible en medio de semejante crisis.
A todo esto, se multiplican las voces de rechazo a la estatización de las AFJP. No sólo del público en general sino también de todo el arco opositor, a la vez que se alista una catarata de juicios contra el Gobierno de parte de las Administradoras y los afiliados. Ya se percibe que el intento de confiscar el ahorro de futuros jubilados puede generar una crisis peor que la del campo. Tal vez menos ruidosa y sin cortes de ruta. Pero con la gente de a pie más asustada, retirando depósitos y comprando dólares.
El futuro económico queda ahora en manos del Congreso y la oposición. El Gobierno intenta llevar tranquilidad con la promesa de que el Parlamento controlará que no se toquen los ahorros previsionales. Pero la gente no olvida que ese Congreso fue el que 7 años atrás aplaudió a brazo partido la declaración de default por la cual los futuros jubilados que estaban en las AFJP sufrieron pérdidas millonarias en sus cuentas. |