Por SANTIAGO CHELALA - Nunca imaginaron los Kirchner que a un año de ganar con comodidad las elecciones enfrentarían un panorama económico tan adverso. Habrá muy poco que celebrar el 28 de octubre, cuando se cumpla el primer aniversario del triunfo electoral kirchnerista. Azotada desde afuera y desde adentro, la economía atraviesa por su peor momento desde la crisis de 2001 y las defensas del modelo K comenzaron a ceder.
Las malas nuevas llegaron todas juntas. Con el riesgo país por las nubes, corridas contra el dólar, pérdidas de reservas, desplome en el precio de los commodities, disminución en la producción, amenazas de despidos en industrias, superávit fiscal y comercial en baja y pérdida del valor de los ahorros, el cuadro difícilmente podría ser más complejo. El impacto en la economía real de la crisis financiera no tardó en llegar y las empresas se preparan para enfrentar una recesión global con crédito escaso.
La crisis financiera fue un golpe inesperado en intensidad. Cuando el Gobierno buscó enviar una señal amigable a los mercados cancelando la deuda con el Club de París, el derrumbe bursátil dejó mal parada a la intentona oficial. De ahí en más, todo fue en caída libre.
Con el precio de la soja en los valores actuales (317 dólares la tonelada) las exportaciones del país se reducirían 13.000 millones de dólares, cifra que equivale al superávit comercial total. Sin una pronunciada baja de importaciones o el alza de exportaciones no primarias el balance externo sería apenas equilibrado en 2009, la oferta de dólares menor y mayor la presión sobre el tipo de cambio.
La recaudación por retenciones y los ingresos públicos también sufrieron el colapso del precio de las materias primas. Sacrificando reservas día tras día, el Banco Central se negó a convalidar las expectativas de devaluación. Pero hasta la contabilidad de los activos de la Autoridad Monetaria fue cuestionada sumando más ruido al mercado cambiario.
Además, el dólar por debajo de 1,30 por euro tampoco fue una gran noticia al agudizar el atraso cambiario. Los empresarios advirtieron sobre la pérdida de competitividad, aún mayor con un dólar fuerte. Para Europa, Brasil y otros compradores de productos locales se volvió más caro importar desde la Argentina.
El panorama político no resultó mucho mejor. Las heridas del conflicto con el campo no cicatrizaron y se quebró la coalición oficial.
La forma en que se estatizaron las jubilaciones privadas contribuyó poco a calmar los ánimos. Abrir la opción de traspaso hace apenas un año para luego recurrir a la estatización compulsiva reflejó un alto grado de improvisación y desesperación para obtener recursos. Las necesidades de caja del Estado se multiplicaron sin financiamiento a la vista y la ANSeS se había excedido su papel de prestamista del Tesoro comprando títulos con rendimiento menor a la inflación (ver infografía).
En los ’90, la convertibilidad tuvo de miopía. El cambio de condiciones de financiamiento se tradujo en el certificado de defunción de un modelo sustentado a base de endeudamiento. El uno a uno ató las manos y restó flexibilidad para adaptarse a las nuevas condiciones. El modelo K, aún con la miopía de creer que el viento de cola sería eterno, posee mayor versatilidad para evitar el colapso. Dependerá entonces de reaccionar a tiempo. |