Por Javier Blanco - El dólar volvió a convertirse ayer en fiel termómetro de la desconfianza que algunas medidas impulsadas por el Gobierno generan entre los inversores y ahorristas, en un contexto financiero enrarecido, además, por la fuerte presión devaluatoria que enfrenta el resto de las monedas de la región frente a esa divisa. En una plaza ganada por todo tipo de rumores, varios de ellos facilitados por la escasez de billetes que se registró en algunas casas y agencias de cambio, su precio minorista vendedor avanzó de $ 3,24 a 3,26 promedio (o 0,61%); pero el mayorista lo hizo 3,2 centavos (1%), lo que estaría indicando que el valor al público seguiría en alza hoy, al menos cuando el mercado reinicie sus operaciones. El reacomodamiento se registró pese a otra masiva venta de reservas que llevó adelante el Banco Central (liquidó unos US$ 100 millones) para administrar la tendencia alcista y evitar que un aumento violento del billete agregue más nerviosismo a un mercado ya alterado. "El mayorista subió a $ 3,255, acompañando la volatilidad y devaluación de las monedas de países vecinos", describió Fernando Izzo en el habitual informe de ABC Mercado de Cambios. Aludió de este modo al máximo en dos años respecto del euro (llegó a canjearse a US$ 1,2726, aunque cerró a US$ 1,2914) y de casi todas las monedas emergentes que la divisa estadounidense llegó a tocar en la víspera, antes de replegarse levemente hacia el final de la jornada. Parte de ese recorte final a nivel mundial fue adjudicada a la agresiva acción defensiva del real que ensayó ayer Brasil al vender fuertemente dólares y anunciar su disposición para ofrecer hasta US$ 50.000 millones más en ventas a futuro, lo que le permitió revalorizar un 3% su moneda, que venía de caer 6,67% un día antes. La brusca corrección en la vecina plaza debió haber aliviado al mercado cambiario local. Pero no ocurrió porque éste parece haber entrado en un complicado desbalance propio generado por un panorama mundial más complicado y agravado por la creciente incertidumbre económica doméstica. Quienes siguen de cerca el mercado observan que la oferta de dólares de los exportadores pasó a ser claramente insuficiente "por motivos estacionales y la fuerte baja que tuvieron los productos que exportan", apuntó Izzo. Esto obliga al BCRA a intentar cerrar o reducir esa brecha vendiendo cada vez más dólares al contado.Con la jornada de ayer, ya se desprendió de unos US$ 1700 millones en lo que va de octubre sólo para administrar una devaluación del peso no traumática (ya acumula 4 por ciento en lo que va del mes), en línea con la que registra el real (de Brasil) y otras monedas de países que comercian fuertemente con la Argentina. "Cuesta encontrar vendedores de dólares por volúmenes importantes. Los que lo hacen es para cumplir con las normas regulatorias en vigor o para no tener que pedir pesos, ahora que las tasas de interés se han disparado", agregó un veterano corredor de cambio al describir las condiciones en las que opera el mercado. En el segmento informal de negocios, la depreciación del peso se elevó al 1,67%, al negociarse el dólar en este tipo de operaciones a $ 3,35, un diferencial que corrobora que el reingreso de divisas al país (vivido hace sólo tres semanas, cuando la crisis financiera mundial tuvo su "pico") dio lugar a un fenómeno menos excepcional para la economía local: la tendencia a expulsar capitales. La reactivada demanda de divisas quedó reflejada en el crecimiento del 18,6% que mostró el volumen operado en la plaza formal. "Lo negociado superó los 870 millones de dólares por coberturas de bancos y empresas y la sostenida compra de billetes por parte del público", indicó Carlos Risso, del portal especializado Notibancos.com. "Es evidente que el proyecto de reestatización de las jubilaciones fue lanzado en el momento más inoportuno y no hizo más que potenciar un clima de desconfianza generalizada que ya se estaba instalando", observó el analista. |