Por PABLO FERNÁNDEZ BLANCO - “Divide y reinarás” es una de las frases sobresalientes de Maquiavelo, que reposa sobre una creación anterior de Julio César. Más hacia los tiempos actuales, esa máxima parece estar en la cabeza del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, quien comenzó a generar disputas entre algunas de las compañías más grandes del país y los bancos que las tienen de clientes desde hace años.
El funcionario polifuncional de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner comenzó la semana pasada a internvenir sin documentos, fiel a su estilo, en el mercado cambiario. Entre otras cosas, les pide a las entidades financieras que no vendan dólares a las empresas, cualquiera sea el motivo, algo que hasta el momento vienen cumpliendo. Así espera contener la escalada del precio de la moneda norteamericana.
Frente a ese panorama, algunas compañías necesitadas de moneda verde para pagar productos de importación apuntaron los cañones contra sus entidades de cambio. “He dado instrucciones de que se solicite por escrito al banco su negativa a cambiarnos divisas”, reconoció el presidente de una empresa grande que pidió reserva.
La enorme mayoría de los bancos realizan operaciones de cambio a compañías.
El pedido de las empresas es por demás molesto para los bancos, debido a que no tienen argumentos oficiales para justificar su decisión. Eso se debe, justamente, al estilo Moreno, más adepto a los llamados telefónicos que a los comunicados institucionales de organismos de Gobierno.
Las empresas acompañan su reclamo con otro pedido aún más insidioso para los bancos: “Los responsabilizamos de los potenciales daños y perjuicios comerciales que su decisión (de no vender dólares) nos provoque”, explicaron en el sector privado.
En los bancos ensayaban ayer qué tipo de respuesta podían darle a las empresas. “Los dólares nos los da el Banco Central, que puede decidir vender o no vender”, deslizaron.
Hasta la entrada en escena de Moreno en el mercado cambiario, la compra de dólares para importación no tenía límites. Pero el martes algunas de las mayores empresas del país se aprestaban a cerrar la compra de billetes verdes cuando la entidades financieras les informaron que por “instrucciones no escritas” no podían comprar más de u$s 5 millones, según relató un directivo del sector privado a El Cronista.
Horas después, ese límite bajó hasta los u$s 2 millones, y al final del día las restricciones se agudizaron: se mantuvo el límite, pero sólo se podían conseguir los dólares si la compra “estaba calzada con otra de exportación”. Es decir, si se vendían la misma cantidad de dólares que la empresa pedía.
La tendencia recrudeció ayer, cuando casi no se realizaron operaciones de cambio.
“Si existieron situaciones de ese tipo, es lógico que las empresa pidan justificaciones. Cuando se paga una importación el banco sabe a qué se destina el dinero. Pero en caso de que los proveedores no reciban el pago, al menos hay que demostrarles que se intentó pagar”, explica Diego Pérez Santisteban, de la Cámara de Importadores.
La iniciativa original de Moreno era poner freno a operaciones especulativas, pero derivó en un impedimento para el comercio exterior. “Si esta situación se mantiene, no sólo podría desencadenar un default financiero, sino uno comercial”, reflexionaron en el sector.
Control full time
Además de los llamados y restricciones a empresas y bancos, la presencia de Moreno se siente esta semana en cada esquina de la city. También se manifestó en presiones a sociedades de Bolsa y el envió de inspectores a controlar la venta de dólares en negro.
Al menos en el corto plazo, su intervención tuvo efecto. En las pizarras, el dólar minorista cayó ayer 5 centavos, a $ 3,33, mientras que el mayorista se mantuvo en torno de $ 3,30. |