Por IGNACIO OLIVERA DOLL - La recesión que espera el mundo, y que obliga ahora a los bancos locales a cambiar drásticamente sus modelos de negocios, dejó ya un primer “cadáver” en las líneas de financiamiento del sector. Los banqueros reconocen que la colocación de préstamos hipotecarios ya está congelada desde hace meses, producto del nivel de incertidumbre que plantea el escenario local, y que el stock en el sistema sólo crece por los desembolsos que se hacen sobre líneas ya otorgadas para la construcción y la refacción de viviendas, pactadas hace ya más de un año y medio, y a las tasas “dulces” de los tiempos del boom del crédito internacional. Hoy las entidades llegan a pedir tasas nominales de hasta un 30% anual, que suponen un costo financiero total cercano al 35%.
En rigor, los préstamos para viviendas nuevas siguen virtualmente “activos”. Pero quedaron arrumbados y sumidos en el abandono, incluso frente al resto de otras moribundas líneas de crédito, ante una demanda que en los últimos meses se fue reduciendo y que ya desapareció completamente del mercado. “Hoy la colocación es casi nula. En general, los préstamos para construcción de viviendas representaban apenas el 20% de nuestras colocaciones. Pero hoy estos son prácticamente el 100%”, se sinceró, ante El Cronista, el gerente de un banco privado local. Y aclaró que la contracción se da, sobre todo, porque el “sistema francés” hace justamente menos atractivos los préstamos destinados al mercado inmobiliario: “Es un tema financiero: pagando tasas más altas y prestando por plazos más cortos, las cuotas terminan siendo inalcanzables para el tomador de un crédito”, aclaró. En las cifras del Banco Central, siempre con dos semanas de rezago, se lee un aumento en el stock del sistema; pero es, según los banqueros consultados, por el efecto de las colocaciones que ya fueron pactadas para la construcción.
En realidad, el mercado actual es hostil para cualquier tipo de crédito. Pero algunas líneas lograron mostrar que, con alguna “renguera”, pudieron sobrevivir hasta hoy. Es el caso, por ejemplo, de los préstamos prendarios y los personales, por los que hoy las entidades llegan a cobrar tasas exorbitantes, pero que mantienen cierto dinamismo. En un banco privado local, los créditos al consumo otorgados a las familias, en octubre, fueron de $ 150 millones. Bastante menos que el monto que se solía colocar en los mejores meses, de hasta $ 180 millones; pero, también, bastante más que los $ 120 millones mensuales que habían llegado a otorgar durante el conflicto agropecuario. En hipotecarios, la realidad fue mucho más dramática: ya en el 2008, la colocaciones cayeron cerca de un 80%, hasta los $ 20 millones mensuales. Pero en octubre quedaron en los $ 12 millones. “La gran mayoría correspondió a desembolsos de préstamos ya acordados, a tasas de hace un año y medio, de entre 13% y 14%”, explicó una fuente. Desde uno de los bancos públicos consultados por El Cronista se excusaron con un explicación: “Nadie de ese sector quiere hablar. Está todo muy parado”, dijeron.
El panorama es idéntico, hoy, en uno de los bancos locales con mayor inserción en el mercado inmobiliario: “La realidad es que la demanda se paró. Con un aumento como éste en el costo del dinero, la gente hoy no está para acercarse a un banco a pedir un préstamo hipotecario”, explicó una fuente. “En 2007, mientras tuvimos una coyuntura favorable, originamos $ 1.000 millones en créditos hipotecarios a 20 años, con una tasa fija que era 9,75% hasta mediados de agosto”, agregó. Ahora, esa tasa fija en ese mismo bancos está en un 25%, pero a 10 años, y con un costo financiero total de 20%. La variable, en cambio, aumentó el triple, hasta 12,75% (CFT: 17%). |