Por JUAN CERRUTI - Brasil sorprendió ayer el mundo con el anuncio de un audaz y ambicioso plan anticrisis que intenta reactivar la mayor economía de la región mediante rebajas de impuestos a las familias, desgravación tributaria para el consumo y otros facilidades a la industria. Hasta incluye un plan para destinar parte de las reservas del Banco Central de ese país a refinanciar las deudas de empresas brasileñas en el exterior.
La movida del presidente Luiz Inacio Lula da Silva tendrá impacto en la economía argentina, ya que se trata del mayor socio comercial del país. Pero su incidencia final aun es incierta. Ayer entre los empresarios argentinos había expectativa, y en algunos casos cierto temor. Es que si bien este intento por reactivar el consumo interno de Brasil puede beneficiar a los exportadores locales, las desgravaciones impositivas a ciertas industrias del país vecino también amenazan con gatillar una catarata de importaciones desde allí.
La presidenta Cristina Fernández viajará el lunes a la noche a Bahía para asistir a la cumbre de presidentes del Mercosur.
El ministro de Economía de Brasil, Guido Mantega, admitió que por este conjunto de medidas el fisco dejará de recaudar u$s 3.500 millones el año próximo, que serán inyectados a la economía. Previo al lanzamiento, el plan fue debatido por Lula y su equipo económico junto a los 30 empresarios más poderosos de Brasil en el Palacio del Planalto. El objetivo es asegurar un crecimiento del 4% en el PIB de 2009, frente al 2,5% proyectado por el mercado.
“Estas medidas buscan estimular el crecimiento de la economía, aumentar el volumen de crédito y reducir el costo financiero y por lo tanto la tasa de interés”, señaló ayer Mantega. En paralelo, el presidente del Banco Central de Brasil, Henrique Meirelles, anunció junto al ministro de Industria y Desarrollo, Miguel Jorge, el uso de reservas (actualmente en torno a u$s 200.000 millones) para lanzar líneas de crédito de empresas públicas y privadas endeudadas en el exterior.
Esta última medida, que deberá ser aprobada por el Consejo Monetario Nacional, opera como un seguro de cambio en tanto las compañías podrían acceder a refinanciaciones de sus deudas en dólares por nuevas obligaciones en reales. Con ello se busca evitar que la devaluación que experimentó el real en los últimos 90 días, cerca al 40%, complique la situación financiera de las empresas con préstamos en divisas. “Buscamos que haya más disponibilidad de crédito en Brasil y menor presión sobre la tasa de cambio”, explicó Meirelles, quien estimó que lo requerido para pagar las deudas en dólares de las empresas en el exterior es de u$s 10.000 millones.
Para la población brasileña la medida más importante es una reducción de los impuestos a las clases media y baja. Se hará mediante un decreto que firmará Lula en las próximas horas. Le restará al fisco de Brasil u$s 2.000 millones. El Impuesto a las Operaciones Financieras, –que grava el crédito y los negocios de cambio– será reducido al 1,5% anual, desde el 3% al que se subió en enero pasado. Asimismo, fueron revisadas hacia abajo las alicuotas de la tabla del impuesto sobre la renta de las personas físicas.
Además, hasta el 31 de marzo próximo se reduce el Impuesto sobre los Productos Industrializados (IPI) para la compra de automóviles de hasta 1.000 centímetros cúbicos, los denominados “autos populares”. En este caso la tasa caerá de 7% a 0%. Mientras que para los automóviles de hasta 2.000 centímetros cúbicos de cilindrada la reducción del impuesto será del 13% al 6,5%.
Cabe destacar que la mayoría de los autos que exporta la Argentina a Brasil entran sólo en esta última categoría, lo que generaría un desincentivo a la compra frente a los modelos brasileños, más económicos. El sector automotriz de Brasil es uno de los más afectados por los efectos de la crisis financiera mundial, con previsión de vacaciones forzadas para unos 10.000 trabajadores. |