Por IGNACIO OLIVERA DOLL - “Hoy con la caja chica del Itaú te podés comprar un buen banco argentino. La diferencia de tamaño es descomunal. Y aunque no quiere decir que se vaya a dar una nueva ‘brasileñización’, sí es verdad que el riesgo y la vulnerabilidad de las empresas han aumentado”. El diagnóstico de un economista local intentó ilustrar, así, una doble maldición que dejó el último derrumbe de los mercados para las empresas argentinas. La primera: que hoy todas ellas están más expuestas a una posible “extranjerización”; la segunda: que, a medida que pasa el tiempo, las compañías locales reflejan cada vez menos incentivos para atraer inversiones o desarrollar nuevos proyectos.
El “castigo” se ve claramente en la fuerte caída que está mostrando, desde fines del año pasado, el ratio entre el precio de las principales acciones locales y las ganancias de sus respectivas empresas (es decir, el price-earning). La relación llegó a ubicarse cercana a los 17 puntos en noviembre de 2007, pero desde entonces hasta hoy cayó hasta los 5,8 puntos. Eso significa que, si las utilidades actuales se mantienen hacia adelante, la inversión necesaria para adquirir una de estas empresas se recuperaría en sólo 5,8 años promedio. Es una gran tentación, se dice, para un mercado que hoy parece espantarse con la incertidumbre, y que sugiere que es mejor comprar como están las cosas, antes que picar una sola piedra nueva en el país.
El diagnóstico quedó explícito en un informe reciente del Ieral. Para el economista jefe de esa fundación, Jorge Vasconcelos, “hoy los incentivos a comprar empresas argentinas son muy fuertes; sobre todo por los costos que implica el tiempo de espera que supone la inversión hasta que el proyecto entra en producción y se da el posicionamiento que se aspira”.
La curva del ratio price-earning muestra, por primera vez, una fuerte convergencia entre el conjunto de las empresas locales y los sectores industrial y financiero (ver infografía). Lo que indica, para el Ieral, que “hoy los inversores hacen muy poca distinción entre los sectores”, y que “no hacen mucho hincapié en la mayor o la menor volatilidad de estos en el ciclo económico”.
A comienzos de 2006, las compañías del sector financiero sugerían algo de esa buena expectativa que había sobre ellas en un alto price-earning: muy cercano a los 20 puntos, y muy por encima del que mostraban las industrias (10 puntos) y el promedio de todas las empresas (13 puntos). Esa brecha se mantuvo hasta el segundo semestre de 2007, pero desde entonces convergió fuertemente hasta los 5 y 6 puntos. |