El real había olvidado lo que era una fuerte devaluación. Y no mucho después de esos días en los que Lula da Silva pregonaba que Brasil estaba viviendo “un momento mágico”, la moneda empezó a sentir los efectos de una fuerte fuga de capitales imposible de dominar. Desde fines de 2002 que la moneda no sentía una caída tan estrepitosa como la que percibió este año, producto de la apreciación del dólar a nivel global, que desató la crisis financiera internacional. La aversión al riesgo, que aceleró la salida de capitales en el país y obligó al Banco Central a implementar una estrategia más activa, dejó a la divisa con una desvalorización del 23,8%. Pudo ser peor, claro, de no haber mediado ayer una ganancia del 3,6% en la moneda, que la dejó en 2,333 unidades por dólar.
“Este fue un año realmente pésimo para los inversores, por una reversión muy rápida de las ganancias acumuladas y una devaluación muy fuerte”, explicó a la agencia Efe el director de la Asociación de Analistas y Profesionales de Inversión del Mercado de Capitales de Brasil (Apimec), Antonio Carlos Colángelo.
Gran parte de la caída de este año se produjo en el peor momento de los mercados globales: el tercer trimestre, cuando, por el aumento del riesgo, el real perdió un 18%. El Banco Central se vio obligado a virar desde entonces en su política monetaria, utilizando una gran parte de sus reservas internacionales para apuntalar la moneda. La entidad debió gastar $ 9.800 millones de reservas en el mercado desde septiembre hasta diciembre, según datos oficiales. Y el total de sus acciones para impulsar al real y mejorar las condiciones de crédito, que incluyeron operaciones de derivados y préstamos de reservas, alcanzó los $ 53.400 millones desde el 19 de septiembre hasta el 16 de diciembre pasado.
La depreciación del 2008 fue la quinta mayor entre las 16 monedas más negociadas en el mundo, y tiene su antecedente inmediato unos seis años atrás, en plena crisis brasileña, cuando la moneda llegó a perder 35% de su valor.
Ahora, las perspectivas parecen menos dramáticas. “Brasil no ha perdido su fundamentos positivos en medio de la crisis, por lo que los inversores vienen a nuestros mercados cuando hay buenas noticias en el extranjero”, explicó a la agencia Bloomberg Reginaldo Galhardo, gerente de una casa de cambio de San Pablo.
La moneda de Brasil había alcanzado un máximo en los últimos nueve años, el 1 de agosto pasado, al tocar las 1,5545 unidades por dólar, y tras haberse apreciado un 20% durante 2007. Pero eso había sido en tiempos de mercados de divisas “inundados”, por las altas tasas de interés y la elevada inflación que aún persistía en el mundo. Si se toma ese máximo, la caída para el real es desde entonces del 33%.
Los economistas coinciden hoy en que, lo más probable, es que el año próximo el real muestre una recuperación. La última encuesta que realizó el banco central, entre alrededor de 100 instituciones financieras, ubica a la moneda en 2,25 por dólar para fin de 2009.
“Aparentemente estamos saliendo del pánico que vivimos en octubre, cuando el sistema que interrumpe los negocios en la Bolsa de Sao Paulo por pérdidas abultadas llegó a activarse dos veces en una sesión. La gran preocupación ahora es con la recesión mundial”, agregó el especialista de la Apimec.
En Brasil, por ahora, el peligro de una recesión parece más distante que en Estados Unidos, Europa y Japón. Pero lo que preocupa, sobre todo, es la desaceleración de la economía, a poco más de un año de las elecciones presidenciales.
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