Por NATALIA DONATO – La caída de los precios internacionales de los commodities y de los bienes industriales les está jugando una mala pasada a los exportadores argentinos. No sólo porque muchas ventas que pactan con importadores están siendo renegociadas a la baja una vez que la mercadería está en destino, sino también porque, en muchos casos, corren el riesgo de pagar más impuestos que los necesarios y, peor aún, de sufrir condenas penales por ingresar al país menos divisas de las inicialmente convenidas.
Frente a ese escenario, la Cámara de Exportadores (CERA) está iniciando conversaciones con Aduana y el Banco Central para reclamar por una flexibilización de las normas aduaneras y cambiarias que permitan solucionar estos problemas generados por la disminución de los precios internacionales.
Fuentes del sector del comercio exterior afirmaron a El Cronista que lo que está ocurriendo es que exportaciones definidas a un determinado precio son realizadas y cuando llegan a destino, el valor internacional del producto bajó y el importador, o le estira los plazos de pago o le transmite que no puede pagar el monto arreglado y que necesita repactar el precio. Y la mayoría de los exportadores está optando por ceder, ya que en el actual contexto de crisis y de reducción de los negocios, prefiere mantener el cliente.
“Ocurrió recientemente con una empresa argentina que vendió polietileno strech a Brasil. Cerró el negocio a u$s 2,5 el kilo y cuando la mercadería llegó a destino, el producto internacionalmente valía u$s 1,50. Terminó negociando en u$s 1,97”, ejemplificó el vicepresidente de la Cámara de Importadores local (CIRA), Diego Pérez Santisteban. El empresario aseguró que lo mismo está ocurriendo con los exportadores de agroquímicos.
La empresa se encuentra entonces con los siguientes problemas: que debe pagar derechos de exportación sobre un monto que finalmente fue menor y, por otro lado, que debe ingresar en un determinado plazo las divisas previstas cuando fue pactado el negocio. Si la firma no cumple con los tiempos –que varían, según el producto, entre 15 y 180 días– e ingresa menor cantidad de dólares al país de los previstos, la sanción podría ser incluso la prisión, alertaron desde el sector.
“El sistema de control de cambios argentino está rígidamente hecho para un momento que no es el actual”, señalaron fuentes exportadoras.
Por eso, la cámara que representa a los vendedores argentinos buscará negociar con la Aduana la manera de poder realizar ajustes en el valor de la venta luego de realizado el embarque. El gran temor del Gobierno es que los empresarios argumenten baja de precios para pagar menos impuestos y fugar capitales. “Pero si se presenta toda la documentación que confirme la renegociación del precio, no debería haber problemas”, dijo un exportador. No obstante, las conversaciones entre las partes son recientes. Las cámaras de exportadores e importadores plantearon el problema en la última reunión del consejo consultivo aduanero.
“La CIRA también planteará el tema ante los directivos de la Aduana porque si los compradores no pueden pagar el precio convenido y optan por repactar el valor, los derechos de importación deberían ser más bajos”, aseguró Pérez Santisteban. Y remarcó: “Queremos que sepan lo que está ocurriendo y lograr una mayor flexibilidad”.
Cautela
Esta situación se produce en un momento de extrema cautela por parte de los operadores de comercio exterior. Según explicó el vicepresidente de la CIRA, en noviembre y diciembre pasado se cerraron menos de la mitad de los negocios que habitualmente se cerraban para el primer semestre del año entrante. No sólo existe una realidad de baja de precios debido a la liquidación de los stocks mundiales, que hace que muchos operadores decidan esperar para comprar –o repactar los valores–, sino que también hay una escasez importante de financiamiento. Los proveedores de los de los importadores argentinos les piden plazos de pago más cortos y los compradores externos les exigen a los exportadores locales tiempos más largos. Todos buscan achicar su exposición crediticia. Un tercer factor que frena las operaciones de comercio exterior es la caída del consumo.
La crisis externa se sentirá, sin dudas, en la balanza comercial de este año. Incluso, ya en noviembre pasado, las exportaciones y las importaciones cayeron 6 y 5% en términos interanuales. Las estimaciones más optimistas indican que el superávit rondará u$s 6.000 millones. |