Amagó con subir un poco al comienzo de la rueda. Pero la fuerte liquidación de exportaciones hizo el trabajo necesario para que, una vez más, el dólar terminara planchado, a $3,44 para la compra y $3,47 para la venta en casas de cambio.
Es tal la oferta de divisas en estos días, que el Banco Central (BCRA) está aprovechando para recomponer las reservas, después de haber volcado el año pasado varios miles de millones de dólares para contener la presión compradora del mercado en plena crisis internacional. Según Carlos Risso, de Notibancos.com, la autoridad monetaria se hizo en la rueda de ayer de unos u$s60 millones, y “volvió a darle al mercado una cierta certeza que el piso de $3,45 para el BCRA podrá tener algunas fisuras pero en lo estructural está sólido”. La autoridad monetaria informó que sus reservas terminaron en u$s46.731 millones, u$s83 millones por encima del cierre del lunes.
Durante la corrida que se desató en 2008 contra el peso, el BCRA dejó en claro que no está dispuesto a convalidar fluctuaciones bruscas del tipo de cambio (tanto a la baja, como al alza). Pero, en Wall Street, la mayoría de los analistas de los bancos de inversión siguen sin darle demasiado crédito.
Por lo pronto, informó Bloomberg, Merrill Lynch se sumó ayer a Morgan Stanley, Barclays Capital y Bank of America en el pronóstico de que el peso será la moneda de peor desempeño de la región en 2009.
“Lo van a dejar caer poco a poco”, aseveró Alejandro Cuadrado, economista especializado en América latina de Merrill en Nueva York. Merrill pronostica que el peso caerá a un nivel récord de $3,9 por dólar para fin de año. La mediana de los pronósticos en una encuesta de Bloomberg entre 12 economistas es que el peso finalizará 2009 a $3,95.
La baja del peso desde mediados de octubre es la más pronunciada de América latina, mientras que el real brasileño se estabilizó y cayó sólo un 0,1 %, luego de cotizar al nivel más alto de los últimos nueve años en agosto. El peso cayó en 33 de las últimas 41 sesiones y bajó durante 18 días consecutivos, el período más prolongado desde su creación, en reemplazo del austral, en 1992.
Permitir que la moneda se debilite puede desalentar a los ahorristas en relación con mantener dinero depositado en los bancos de Argentina, señaló, por su parte, Sebastián Vargas, economista de Barclays en Nueva York.
Los compradores de dólares hicieron fila en dos ocasiones el año pasado: durante la protesta de cuatro meses del campo y, una vez más, en octubre, al anunciar la presidente, Cristina Kirchner, la nacionalización de los fondos de jubilación privados. Los retiros de depósitos bancarios el año pasado llevaron a la entidad que preside Martín Redrado a comprar pesos para apuntalar la moneda, lo que redujo las reservas del Central a u$s46.400 millones para el 31 de diciembre, cuando eran de u$s50.500 millones, una cantidad récord, el 27 de marzo. Las reservas también cayeron como consecuencia del derrumbe de 50 % de las materias primas respecto del nivel récord de julio, según el índice CMCI UBS Bloomberg. La soja, la principal exportación agrícola de la Argentina, cayó un 41%, a medida que declinaba la demanda como consecuencia de la crisis financiera global.
“El mayor peligro para la economía es que el Gobierno no logre organizar una depreciación real, ordenada y necesaria”, dijo Vargas a Bloomberg. “El Banco Central teme que un movimiento del tipo de cambio desencadene una retirada masiva de depósitos”, apuntó el analista de Barclays. La economía de Brasil puede crecer un 1,5 % este año, menos de un tercio del ritmo del año pasado, según Itau Corretora de Valores, la división bursátil del banco más grande de ese país. Mientras que la economía argentina podría contraerse un 0,9%.
En Brasil, el real se depreció ayer 1,35 % frente al dólar, y el tipo de cambio terminó a 2,327 reales para la venta y 2,325 para la compra. A mediados de 2008, la moneda brasileña había alcanzado un máximo de 1,55 reales por dólar, para luego devaluarse a comienzos de diciembre del mismo año, hasta un mínimo de 2,50.
“El peso no puede sino bajar”, dijo Win Thin, jefe de estrategia cambiaria de Brown Brothers Harriman & Co. en Nueva York. El especialista considera que el peso terminará el año a $4 por dólar. “El Banco Central trata de controlar el ritmo de la declinación, pero las presiones son inevitables”. |