Por LAURA GARCÍA - Con los ánimos exaltados por la asunción de Obama, el pesimismo de Albert Edwards roza lo políticamente incorrecto. Pero el jefe de estrategia global del Société Générale está convencido de que no hay nada bueno por delante todavía. Bearish como pocos, el economista advierte que “si el 2008 fue un shock para los inversores, el 2009 podría ser todavía peor”. En síntesis, el veterano analista del banco francés espera que el S&P500 se derrumbe hasta los 500, esto es, una caída de alrededor del 40%. Por eso, recomienda no indigestarse con acciones por ahora y sugiere reducir el peso de la renta variable en la cartera a un 35% desde el anterior 50%. La mitad debería colocarse en bonos (desde el 45% previo) y reservar un 15% para cash, el triple de lo que recomendaba unos meses atrás.
“Después de la patinada salvaje de los mercados en octubre, no hacía salta un genio para llegar a la conclusión de que debería haber un rebote técnico desde los niveles enormemente sobrevendidos. Pero ya hemos resaltado que durante el mercado bajista del 2001-2003 hubo cuatro rallies del 25% antes de que el mercado finalmente tocara fondo. Lo mismo es cierto para el mercado bajista de los años treinta”, escribe Edwards en su último informe.
¿Pero en qué se apoya semejante pesimismo? Aquí viene quizás lo más interesante. “En 2009, no es el creciente riesgo de una depresión en los mercados desarrollados lo que llegará como la gran sorpresa sino la implosión económica en China y los riesgos globales y geopolíticos que acarreará”, comenta.
Según Edwards, en la medida en que la situación económica amenace la estabilidad del régimen, China podría recurrir a una “mega-devaluación”. “Antes de que acepte ser barrido por una ola de malestar obrero, el partido comunista tiene una herramienta clave que ya ha usado ante, la mega-devaluación. China tiene antecedentes en esta materia. A finales de 1993, las autoridades devaluaron el yuan un 33%. Incluso el mínimo retroceso reciente del yuan luego de tres años en los que se le permitió apreciarse, ya está poniendo nerviosas a las autoridades de EE.UU.”.
Quizás, da a entender Edwards, el enemigo más temible sea ése al que no vemos venir. |