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Deuda y FMI: el riesgo de perder oportunidades
ABC Mercado de Cambios S.C. comunica sobre la fuente de la siguiente nota:
Texto informativo: 25/11 - 07:46 La Nación
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Por Florencia Donovan - La cámara que agrupa a las empresas de seguros de vida y de retiro tiene previsto presentarle hoy a Adrián Cosentino una propuesta para el reperfilamiento de las letras del Tesoro ( Lete) que ya habían sido reperfiladas por el gobierno de Macri, pero que, se descuenta, no se podrán pagar bajo el esquema actual. Lo mismo hicieron ya hace algunos días bancos y administradoras de fondos comunes de inversión. Para el mercado local, el "re-reperfilamiento" de la deuda del Tesoro era un hecho, y con conversaciones avanzadas hasta la semana pasada existía la ilusión de que el nuevo gobierno buscaría elaborar una propuesta de reestructuración consensuada.

Algo similar estaba ocurriendo con la deuda en manos de inversores privados, sobre todo de grandes fondos internacionales. Bajo estricta reserva, el equipo de Guillermo Nielsen -que incluye a Cosentino- mantuvo en las últimas semanas reuniones con representantes de bancos y de grandes fondos internacionales. Incluso había convocado de palabra a un puñado de grandes bancos norteamericanos para que lo asesoraran en la tarea.

Los tres modelos de canje ya estaban ensayados y conversados con algunos acreedores: uno incluía la posibilidad de apelar a lo que en la jerga se conoce como stand-still, que es acordar con los acreedores parar todos los pagos y no negociar nada por un período determinado -por ejemplo, cuatro años- para darle la chance a la Argentina de crecer. Una vez que la economía esté en marcha, las condiciones de la deuda se renegociarían. En el ínterin, el país pagaría los intereses correspondientes a cada período, pero nada del capital.

En el segundo modelo, la idea era pedirles a los tenedores de bonos dos años de gracia y negociar ya las condiciones de la deuda a partir del tercer año. Mientras que el tercer y último modelo, que ya había pasado por el filtro del Excel de los economistas de Alberto Fernández, contemplaba directamente la extensión en el tiempo del pago de capital y un recorte en los intereses. "Si antes se debían cuatro cuotas de 100 pesos, se pagan 8 de 50 pesos y se bajan los intereses a la mitad", explicaron. La idea en cualquiera de los tres modelos era, a diferencia de lo que sucedió en 2005 o en 2010, apelar a una propuesta que no fuera demasiado hostil para los acreedores.

Pero las versiones que la semana pasada colocaban a Guillermo Nielsen lejos del futuro Ministerio de Economía pusieron en duda gran parte de los consensos que habían comenzado a construirse en materia de deuda. Tanto Nielsen como Cosentino cancelaron las reuniones que tenían previstas con inversores y bancos para el jueves y viernes de la semana que pasó.

El problema no pasa tanto por los nombres, porque no parece que el mercado tenga preferencia por una u otra figura, pero sí porque, una vez más, la Argentina se vuelve para ellos impredecible.

¿Cuál es el plan de Alberto Fernández? Todavía nadie lo sabe. Muchas de sus medidas se deslizaron o se intuyen, como el anuncio de un aumento para las jubilaciones mínimas, las asignaciones sociales y los salarios básicos, o una tarjeta para financiar la compra de alimentos sin IVA. Pero el presidente electo no termina de mostrar un programa integral. Y el tiempo no juega a su favor.

Por caso: el 12 de diciembre, dos días después de asumir, vencen las primeras letras del Tesoro reperfiladas. Son US$142 millones de Lete y $16.000 millones de Lecap. ¿Habrá un default de títulos locales o se reestructurarán de acuerdo con las conversaciones que por estos días lleva adelante Cosentino?

"No hay cambios de dirección ni de sentido -asegura un hombre de la mesa chica de Fernández, frente a las dudas que generó en el mundo inversor la nueva indefinición con respecto al posible timonel económico-. El plan es del presidente", sentencia.

El nuevo gobierno se arriesga a desaprovechar oportunidades. La renegociación de la deuda internacional de manera más o menos amistosa con el mercado es, junto con el "re-reperfilamiento" de la deuda local, una de las pocas certezas que se habían instalado y que vuelven a ponerse en duda.

Tanto la Argentina como los grandes fondos internacionales tienen incentivos para buscar una rápida solución al problema de la deuda. La Argentina, porque solo el año que viene tiene vencimientos por US$44.900 millones (incluyendo la deuda del Tesoro, la que está en manos de organismos internacionales y los bonos en poder del sector privado), de los cuales US$16.500 millones deben cubrirse en el primer cuatrimestre.

Las reservas internacionales, aunque dejaron de caer, no alcanzan para mucho más allá de abril. Los managers de los grandes fondos, por su parte, no quieren que la Argentina caiga en default: el país fue el mayor emisor de bonos internacionales del mundo emergente en los últimos años; ¿cómo explicar entre sus accionistas ahora un nuevo default?

El exceso de liquidez que hay en el mercado internacional y las bajísimas tasas que ofrecen los activos libres de riesgo hacen que los inversores estén ávidos de instrumentos que ofrezcan un retorno más atractivo. Sin ir más lejos, la petrolera PAE, de la familia Bulgheroni, acaba de sortear la semana pasada los 2500 puntos de riesgo país del soberano al colocar un bono en el exterior a una tasa del 5% anual. El bono se suscribía en pesos, pero pagaba luego capital e intereses en dólares y en el exterior, la mejor señal de que las empresas argentinas que estén en sectores pujantes -caso Vaca Muerta- todavía generan interés entre los inversores, siempre y cuando se sometan a pagar sus deudas en moneda dura y bajo ley internacional.

En encuentros privados, Alberto Fernández les dice a la mayoría de sus interlocutores lo que buscan escuchar. Lo hizo en México en sus reuniones con los delegados diplomáticos de Donald Trump y localmente con muchos de los empresarios con los que se reunió. Pero en público sus declaraciones parecen más destinadas a alinear y a contentar a su propia tropa que a aplacar las dudas de los agentes económicos.

Desconcierto externo

La política exterior es, para muchos, un frente al menos desconcertante. "El eje progresista de Alberto tiene poco sentido considerando las urgencias económicas", resume un hombre de la diplomacia, ya con años en el país. Nadie cree que México pueda reemplazar a Brasil como socio comercial. No solo porque la industria mexicana es mucho más competitiva que la brasileña o la argentina, sino porque, aun en la era Trump, la diplomacia mexicana siempre privilegió su lazo comercial con Estados Unidos. Solo las empresas de alimentos y bebidas perdieron exportaciones por US$500 millones tras el último acuerdo firmado entre Andrés Manuel López Obrador y Trump.

Cerca de Fernández hay quienes creen que el tembladeral que se desató en la región juega a favor del gobierno argentino en sus negociaciones con el FMI. Pueden estar en lo cierto. Pero a fin de cuentas dependerá de la relación de Fernández con Trump que el Fondo le conceda al nuevo gobierno un cambio del programa. Para lograrlo, la Argentina necesita el 85% de los votos del directorio del organismo de crédito; solo Estados Unidos tiene el 16 por ciento.

En reuniones en Washington, Gustavo Beliz, que tiene un contacto fluido con burócratas de organismos internacionales y lobistas del sector privado, deslizó que el presidente electo tendría previsto viajar a Estados Unidos recién una vez que las conversaciones con el FMI estén más o menos encaminadas. Estimó que un viaje a Houston, Washington y a Nueva York no se daría antes de febrero.

Ante la duda sobre lo que vendrá, no pocos actores económicos buscan protegerse. Para sorpresa del Gobierno, la recaudación tributaria de noviembre viene mucho mejor de lo estimado. No tanto porque haya habido una mejora en la actividad (todo lo contrario), sino porque está creciendo un 50% por encima de lo estimado el ingreso por retenciones.

El campo prefiere vender antes que esperar a ver si Fernández aplica o no un aumento en la alícuota (que en principio subiría de $4 por dólar al 12%). Los inversores prefieren asumir costos antes de quedar atrapados en la incertidumbre.

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